martes, 28 de junio de 2016

26-J: Impunidad infame y derrota admirable

Topoexpress


La impunidad del PP

Los resultados de estas elecciones generales suponen una bofetada dura y amarga para quienes pensamos que un partido caracterizado por sus políticas lesivas para la mayoría social, por su corrupción estructural y por la guerra sucia practicada desde el Ministerio del Interior y las cloacas del Estado, merecía un castigo ejemplar. Y en lugar de dicho castigo logra el respaldo de 7.906.185 votantes y con ello 14 diputados y 669.220 votos más que hace seis meses. Y para más inri con una participación total inferior en 1.200.000 votantes. (Cifras todas provisionales, al 100% escrutado pero a falta de contabilizar el voto de los emigrantes que hayan podido ejercerlo salvando las múltiples trabas conocidas).

Más allá del asombro, frustración o repugnancia que esto pueda provocar en muchas personas, se hace necesaria una reflexión serena y profunda que nos aproxime a una explicación racional sobre el comportamiento socioelectoral de estos millones de votantes. Para ello no bastará con aproximaciones demoscópicas basadas en los trasvases de buena parte de los 390.759 votantes perdidos por Ciudadanos y los 104.871 por UPyD. Pues también habrá que entender cómo el Partido de la Corrupción y los Recortes ha podido retener e incrementar sus electores anteriores más allá de los procedentes de estos trasvases.

Asumir una reflexión más profunda supone, en mi opinión, adentrarnos en el complejo territorio de los valores, intereses y motivaciones que han impulsado la conformación de la preferencia expresada por estos votantes. Y ponderar, por ejemplo, cuánto ha pesado en personas humildes la adhesión identitaria a valores reaccionarios y conservadores, sin tener en cuenta sus propios intereses; cuánto el bombardeo mediático al que se han visto sometidos en las últimas semanas, el miedo a escenarios de incertidumbre aumentados por el resultado del referéndum británico, la apelación al voto útil frente a todo ello… Desentrañar los mecanismos de la opresión política y de la dominación cultural que aún atrapan a amplios sectores populares es tarea ardua pero imprescindible.

La resistencia del PSOE

Y esta reflexión vale también para tratar de explicar la resistencia del otro polo del bipartidismo, la de un partido que obteniendo el peor resultado desde las primeras elecciones tras la dictadura franquista, perdiendo 120.606 votos y 5 escaños, logra mantener la segunda posición en porcentaje, electores y diputados. Con ello ambos polos del bipartidismo español suman ahora 222 diputados, nueve más que hace seis meses. Si entonces el PSOE quedaba situado a 33 escaños del primer partido, ahora la distancia aumenta a 52. Si entonces le separaban 21 escaños de la tercera fuerza, ahora le separan 14. Pero resiste frente a lo que aparecía como su mayor amenaza, verse superado en esa posición. Más allá del análisis pendiente sobre los flujos y trasvases de votos del PSOE, sobre el tipo de campaña dirigida frontal y casi exclusivamente contra Unidos Podemos, vinculada a su lugar y función en el sistema político español, se imponen otras consideraciones sobre su base social y electoral.

Cabe analizar, por ejemplo, qué proporción de sus votantes tiene plenamente asumido su papel de garante de una alternancia bipartidista funcional a los poderes económicos y mediáticos españoles y europeos y cuántos siguen votándolo en la creencia de que sus siglas centrales, socialista y obrero, siguen vigentes y pueden inspirar su actuación política, a pesar de la “miopía decisional” que ello pueda suponer a la vista de los hechos. Ello sin obviar así mismo el conocimiento de los mecanismos clientelares que permanecen en algunos territorios como redes que mantienen fidelidades poco atribuibles a afinidades ideológicas y más a estrategias de supervivencia en situaciones de exclusión social.

También aquí es precisa una labor ardua y paciente para ir desvelando el andamiaje sociocultural que sustenta la impostura de esta fuerza política. La consecuencia de ello puede ser, además, que vayan diluyéndose algunas ilusiones aún muy extendidas sobre el potencial de acuerdos posibles con esa fuerza mientras no surjan en su seno energías capaces de realizar la catarsis imprescindible para hacerla renacer como una herramienta útil para la transformación social, cultural y política. Algo que por el momento no aparece en un horizonte cercano.

Unidos Podemos: una derrota admirable, un futuro esperanzador

Parece que se ha impuesto el hábito de valorar los resultados obtenidos en unas elecciones en relación a las expectativas previamente creadas. ¿Creadas por quién? En primer lugar, por la mano inocente de encuestas y sondeos. Así, cuando los pronósticos auguran resultados inferiores a los obtenidos, los partidos pueden proclamar que han superado las expectativas y “derrotado a las encuestas”, aunque su resultado en algún caso pudiera ser mediocre. Por el contrario, cuando las expectativas creadas, a veces quizás calculadamente inducidas, sitúan un listón superior a los resultados obtenidos, se obvian otros factores y se asume la derrota frente a éstas. Con este preámbulo no pretendo olvidar, sino contextuar, el peso de otro elemento importante: los objetivos propuestos y declarados por la fuerza política en cuestión.

En el caso de Unidos Podemos, tanto las expectativas inducidas por la práctica totalidad de las encuestas en las últimas semanas –incluidos los sondeos realizados a lo largo de la jornada electoral y hechos públicos al cierre de las urnas–, como el objetivo proclamado de ganar las elecciones, despertaron un gran entusiasmo y movilización en las plazas y en las redes sociales.

De ahí que el resultado obtenido haya sido acogido en un primer momento con sorpresa y decepción. Quienes teníamos depositadas nuestras esperanzas en un paso de gigante que pudiera merecer el calificativo de histórico en el plano electoral, tendremos que esperar algo más para definir así los logros de esta confluencia política en dicho ámbito. Frente a lo esperado y deseado, cabe reconocer sin subterfugios que nuestras expectativas se han visto derrotadas. Y habrá que analizar también por qué ha sido así, cuáles han sido y qué peso han tenido los distintos factores que han contribuido a este resultado, que ha situado el respaldo electoral en 5.049.734 ciudadanos, un millón menos que los votantes de Podemos, Izquierda Unida y las confluencias en diciembre de 2015.

Y sin embargo, dado el tamaño de los retos asumidos, de la tarea realizada y pensando en lo que viene, creo que se podría hablar de una derrota admirable. Una derrota, sí, pero admirable porque no debiera desmerecer lo conseguido, que es bastante más de lo que pudiera parecer al haber obtenido “solamente” 71 diputados. Dicho sea esto no solo para volver la vista atrás y situar el resultado de Unidos Podemos en su debida perspectiva histórica, la anterior y posterior al 15-M, la de los procesos electorales de 2014 y 2015 y la previa al acuerdo electoral; sino sobre todo mirando hacia el futuro, en el corto y medio plazo, si se logra atinar en la reflexión y en el camino a proseguir. No es mi intención extenderme ahora en estos aspectos. Me limitaré a esbozar una premisa, merecedora de un posterior desarrollo más minucioso y sosegado.

La primera cuestión a despejar tiene que ver con la valoración de la coalición electoral a la luz de los resultados. No me cabe duda de que las empresas de comunicación vinculadas a los poderes económicos redoblarán sus esfuerzos por dividir las fuerzas recientemente unidas, abundando en argumentos tales como “la disolución de Izquierda Unida en Podemos no le da a IU lo que esperaba” o “Podemos ha tirado por la borda su apuesta por la transversalidad al juntarse con los comunistas de IU”, etc, etc… Un argumentario destinado a hacer mella en quienes de uno u otro lado tuvieron reservas con la coalición acordada y pudieran ahondarlas ahora provocando desafecciones o conflictos en ambas formaciones políticas y en las confluencias logradas.

Vaya por delante que no se trata de rehuir ni ahogar ninguna reflexión crítica o autocrítica que contribuya a fortalecer y mejorar lo hasta ahora conseguido. Pero parto de la convicción de que desandar lo andado no ayudaría, sino todo lo contrario, a consolidar y profundizar el bloque social, cultural y político necesario para afrontar los próximos tiempos. Cada fuerza política deberá realizar sus análisis, al igual que las organizaciones sociales y culturales que han respaldado este proyecto. Y poner en común las reflexiones respectivas con el objeto de escuchar, aprender unos de otros y seguir avanzando en la implantación social, cultural y política de este proyecto de transformación profunda de las políticas, actitudes y mentalidades dominantes.

Ahora más que nunca hace falta identificar con precisión los retos y envites que los trabajadores y la mayoría social tenemos por delante en España y Europa. Para afrontarlos hará falta seguir concretando y actualizando el programa básico que puedan hacer suyo los distintos sectores que conforman la mayoría social lesionada por las políticas económicas dominantes. Un programa que ponga por delante la defensa de todos los derechos humanos, los económicos, sociales y culturales, los de los ciudadanos censados y los de los expulsados de sus casas y tierras por las guerras y el hambre que claman por su derecho al asilo a las puertas de la Unión Europea.

Para defender este programa necesitamos sumar más voluntades y frente a los poderosos que nos quieren divididos, deberemos mantenernos unidos. Unidos fraternalmente con todos los que sufren, sintiendo y luchando juntos, y unidos entre nosotros mismos, los que sabemos que otro mundo es posible y debemos predicar con el ejemplo que haga de nuestra diversidad puesta en común una auténtica fortaleza. Sin perder nunca la esperanza y la dignidad.

Fuente: http://www.rebelion.org/noticia.php?id=213888&titular=26-j:-impunidad-infame-y-derrota-admirable-

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