jueves, 7 de mayo de 2015

El maravilloso mundo del tertuliano de televisión al servicio del régimen

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Martes 5 de Mayo, tertulia del programa “La Noche en 24 horas”, canal de noticias de RTVE. La mesa comenta el programa marco de PODEMOS para las elecciones autonómicas del próximo día 24, presentado por PODEMOS apenas unas horas antes en Madrid. De repente una voz masculina comenta con sorna una de las propuestas realizadas por la formación de los círculos en dicho programa: “ya sabemos lo que son los ricos para PODEMOS: aquellos que ganan más de 50.000 euros al año”. Las risas se extienden entre el resto de presentes.

PODEMOS, en su anunciada exigencia de que los “ricos” hagan un “esfuerzo” para aumentar la recaudación fiscal y poder con ello financiar las medidas de corte social propuestas por el partido morado, propone aumentar el IRPF a quienes tengan ingresos superiores a los 50.000 euros brutos anuales, aunque no se especifica cuánto exactamente. Un impuesto que, en cambio, se “suavizará” para quienes tienen ingresos entre 25.000 y 50.000 euros y se “reducirá” para las rentas inferiores a 25.000. Esa era, en realidad, la risa de los tertulianos. No podían creer que PODEMOS fuera a subirles el IRPF a precisamente ellos. Ellos, tertulianos y tertulianas, periodistas de medios diversos del aparato orgánico del régimen, con ingresos superiores a los 50.000 euros, no son ricos. De eso se deberían reir. De tener esos sueldos que cobran por ejercer de redactores o directores en sus respectivos medios, sumados a las cuantiosas extras que cobran por su presencia cotidiana en los diferentes espacios de tertulias en radio y televisión copados por ellos y ellas.

Teniendo en cuenta que, como hoy mismo se han encargado de recordar desde las cuentas de PODEMOS en redes sociales, el 95,6% de los de los contribuyentes que pagan IRPF gana menos de 50.000 euros al año, tal vez sea cierto que aquellos que ganan más de 50.000 euros al año no son necesariamente ricos, pero, desde luego, no lo es menos que son también, a día de hoy, el sector social que menos está sufriendo las consecuencias de la crisis. Aquel que tiene garantizado un nivel de bienestar y calidad de vida que el 95,6% restante solo puede imaginar y en ocasiones ni eso. Aquellos que  pueden pagar sin dificultades excesivas la hipoteca de sus casas, las facturas, los gastos asociados al cuidado de los hijos e hijas, e incluso una sanidad o una educación privada si lo público no les termina de convencer.

Si a todo ello le añadimos que existen todavía, según datos de ayer mismo, más de 4.300.000 desempleados, que más del 45% de ellos no recibe ya ninguna prestación por desempleo, y que, entre los que sí tienen la suerte de tener un trabajo, 9,9 millones percibieron como máximo 18.000 euros brutos anuales, de los cuales 7,7 millones de trabajadores por cuenta ajena se embolsaron como máximo 13.550 brutos anuales, y entre ellos existen 5,7 millones ingresaron el Salario Mínimo Interprofesional o menos, unos 9.034 euros al año que equivalen a los 645 euros mensuales netos en 14 pagas, la sorna con la que el tertuliano privilegiado comentó la realidad que nos asola a la gente de a pie se torna directamente en insulto. Pero no le culpemos por ello: viven en ese mundo. No en el nuestro.

Obviamente eso tiene consecuencias, consecuencias inmediata y directas: si quien opera como creador de opinión en la práctica totalidad de las tertulias que inundan nuestras radios y televisiones vive en un mundo maravilloso donde los problemas cotidianos de la gente, vinculados a la realidad socio-económica que nos asola, no existen, no podemos esperar que sus opiniones puedan ser jamás reflejo de lo que vivimos, pensamos y sentimos la mayoría a esta parte de la realidad social, incluso aunque no se movieran por motivaciones ideológicas partidistas, no podrían. Salvo muy contadas y honrosas excepciones, ese es el panorama. Y así es la calidad democrática y la pluralidad de nuestros medios.

Unos medios que son propiedad de los grandes poderes financieros en el sector privado o que están copados por los principales partidos del régimen en el sector público, cuyas tertulias se ven a su vez invadidas por periodistas de los principales medios que, en su mayoría, tienen un nivel de ingresos y unas condiciones de vida muy diferentes de la que tienen aquellos sectores sociales que más golpeados están siendo por los efectos de la crisis económica, incluídos la inmensa mayoría de periodistas de “segunda fila” que trabajan en las diferentes redacciones a las órdenes de un director -y un propietario- que se encuadra dentro de aquella primera categoría. ¿Podemos esperar que nos representen? Así cuando un periodista como Jesús Cintora se atreve a ir un poco más allá, pasa lo que pasa.

En el maravilloso mundo del tertuliano de televisión al servicio del régimen, pues, ganar 50.000 euros o más no merece ser considerado un privilegio, y mucho menos debe ser gravado con impuestos elevados que permitan financiar los proyectos sociales destinados a garantizar los derechos y el bienestar de quienes, en su desgracia, se encuentran entre esos muchos millones de personas que oscilan entre la carencia absoluta de ingresos o unos ingresos insuficientes para poder hacer frente a los gastos cotidianos que permitan tener una vida estable y con los principales derechos humanos garantizados (vivienda, comida, sanidad, educación, suministros eléctricos, etc.). Tal idea puede causar entre ellos, naciéndoles desde la más profunda sinceridad, un ataque de risa y es motivo de sorna. Considerarlos ricos les parece algo que oscila entre los demagogo y lo populista. Pero es lo que tiene vivir en un mundo que no es el nuestro. Un mundo que deben defender a capa y espada cada día en dichas tertulias, porque es eso, su mundo: sus privilegios, su razón de ser, su modus vivendi, su propia realidad de clase.

Esa realidad que luego tratan por todos los medios de convertir en “la realidad”, sin más. Una realidad que día a día se encargan de naturalizar y hacer unidimensional a través de sus opiniones y argumentos en los diferentes espacios en los que participan, una realidad que pasa a ser “opinión pública” y “sentido común” para el global de los oyentes o espectadores que cada día encienden sus radios o sus televisiones para escucharlos en sus tertulias -de clase-. Una realidad que, por desgracia, millones de trabajadores y trabajadoras, de esos y esas que cobran menos de 50.000 euros anuales, menos de 20.000 euros anuales e incluso que no cobran nada, hacen suya y creen como única posible.

Una realidad ideologizada en la cual no existen alternativas al sistema actual, Venezuela es el paradigma de todos los males de la humanidad y proyectos políticos como PODEMOS o IU son radicales y extremistas que quieren acabar con el orden establecido y desafiar el consenso social que ha de operar como necesario para la estabilidad social. Un mundo donde las acciones del SAT en Mercadona o Carrefour pasan a ser automáticamente graves escándalos que atentan contra el orden social, pero el hecho de que se descubra que el PP lleva financiándose desde su inicio de forma ilegal y corrompida, ocupa, a lo sumo, unos pocos minutos en algunas de las tertulias más orientadas hacia lo “progre”.

Periodistas ricos trabajando en televisiones y radios controladas por ricos o por partidos que actúan como manijeros de los intereses de los ricos, creando opinión social destinada a hacer creer a los pobres que no es posible un cambio social que los pueda ayudar a salir de esa pobreza más allá de lo que proponen como tal los propios ideales consumistas-capitalistas, individualistas y egoístas, que nos invanden por doquier, o la apuesta por la profundización en la economía liberal-capitalista. Esa es la realidad de nuestros medios. Ese es el mundo maravilloso de los tertulianos al servicio del régimen, y esas son sus motivaciones. Un mundo que, insisto, no, no es el nuestro. Ni nunca lo será.

Fuente:  http://kaosenlared.net/el-maravilloso-mundo-del-tertuliano-de-television-al-servicio-del-regimen/

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