lunes, 19 de enero de 2015

Podemos, nuevo títere del gran capital y de la derecha española más rancia

Podemos títere del capital
 1.-Del objetivo compartido entre el Santander y Podemos al directivo de “la chispa de la vida” respaldando al partido de la alegría, pasando por la pareja del año 2014 Lomana-Monedero:  

Hace algún tiempo vengo señalando en varios artículos que Podemos es la respuesta que el capitalismo español necesita ante el agotamiento del crédito político de los partidos de la alternancia (PSOE, PP), entendiendo que el PP viene a ser heredero no sólo de AP, su matriz política, sino de la UCD, la derecha que protagonizó los dos primeros gobiernos de la transición política.

La primera pista de que el capital apostaría por Podemos como una de las patas de recambio gattopardiano del sistema de partidos español la dio la nueva Presidenta del Banco Santander, Ana Patricia Botín, dando paso a un continuum de parabienes empresariales que no se ha detenido hasta el día de hoy. No quiero ser repetitivo respecto al enunciado de buenas intenciones capitalistas hacia la formación del Círculo pero, si usted lector desea conocer quiénes han sido los primeros en pronunciar un posicionamiento favorable a la misma, tiene a su disposición un artículo mío del mes de Noviembre de 2014 titulado “Podemos, la rueda de repuesto del capitalismo, votó a su macho alfa”. Recomiendo su lectura porque el número y las credenciales capitalistas de los amigos empresariales de Podemos es muy significativo.

“Tempus fugit”. La velocidad con la que se desarrollan los acontecimientos en períodos históricos convulsos ha hecho que ese listado de padrinos de los podemitas haya quedado ya inevitablemente desfasado, habiéndose de añadir otros muchos.

El Presidente de Repsol, uno de los poderes empresariales más importantes del país, Antonio Brufau, se manifestaba en los primeros días del pasado mes de Diciembre a favor de “desdramatizar la posible llegada al poder de Podemos”. Y a tal objeto apuntaba que “se han visto dos programas de Podemos diferentes, uno de corte bolivariano y otro de corte nórdico, más moderado”. Y acababa señalando: “si al final gana Podemos, habrá que convencer o explicar a los dirigentes del partido cuáles son las recetas que funcionan en todo el mundo”. En Podemos lo saben, señor Brufau. Por eso encargaron ese refrito minikeynesiano de buenas intenciones a los tenores de la socialdemocracia vergonzante Juan Torres y Vicenç Navarro. 

Más recientemente algunos de los grandes empresarios del Ibex 35, entre los que se encuestran Fernando Fernández Tapias, Florentino Pérez, José Manuel Entrecanales o Juan Miguel Villar Mir, mostraban su interés en mantener un encuentro con Pablo Iglesias y la dirección de Podemos. El líder de esta formación ya les había enviado  un mensaje a través de Jordi Évole y su programa “Salvados”, en el que hace unos meses fue entrevistado al afirmar que no se había producido ninguna llamada por parte de representantes empresariales o financieros del gran capital:  “No ha ocurrido todavía, ni para intentar comprarme siquiera. Ni para hablar”. La última vez que los empresarios del Ibex 25 se reunieron con Zapatero en Moncloa éste impulsó los mayores recortes de derechos sociales de su gobierno y meses más tarde planteó la reforma del artículo 135 de la Constitución que consagraba la prioridad de honrar la deuda pública española por encima de cualquier consideración social del gasto del Estado y sus administraciones. 

No quiero olvidarme de Marcos de Quinto, el empresario Coca-Colero que se ha convertido en el número 3 de la marca del jarabe USA a nivel mundial haciendo méritos a base de despidos de los trabajadores de la marca en España, de la que ha sido Presidente, y de agresiones verbales en las redes sociales a los sindicalistas que trabajan en la marca, el cual ha mostrado una notable simpatía por los podemitas y ha salido reiteradamente en su defensa, agradeciendo al partido del señor Iglesias sus desvelos regeneradores de la política española. El señor de Quinto declaraba no hace mucho que “Hay un interés muy grande en tratar de encontrar algo sucio, lo que sea, contra la gente de Podemos.”

El señor de Quinto recuerda al fiel podemita que, con un comportamiento propio de secta, se niega a admitir que exista ese algo sucio en Podemos. Lo cierto es que Internet es una gran hemeroteca y demuestra cada día que lo sucio en ese partido no es “algo” sino muchos algos. Y eso sin tener aún un solo concejal. El señor de Quinto sabe muy bien lo que cabe esperar de Podemos: “Yo creo que si gana Podemos la gente va a seguir bebiendo Coca-Cola”. Consciente de que quizá no se le había entendido bien, aclaró lo que quería decir con esa frase con dos afirmaciones que despejan la duda incluso a los más ingenuos:

“Vamos a seguir aquí en España y no hay ningún tipo de plan B por si gana Podemos” 
“Yo el otro día colgué un tuit con la famosa foto de la tortilla de Yáñez, Felipe González, Chaves y Alfonso Guerra. Salvo por los pantalones, que eran de pata de elefante, veo muchas similitudes entre aquellos jóvenes socialistas y Podemos. Con el tiempo, el PSOE tuvo una gran capacidad de adaptación y si eso le ocurre a Podemos, en caso de tocar poder, la gente les perdería el miedo” 

Y si los grandes empresarios manifiestan sus inclinaciones hacia Podemos, éste no es desagradecido hacia sus padrinos y muestra signos de aproximación hacia le jet set del papel couché, como en su día hizo Miguel Boyer, casando con dama filipina de alicatados baños. El señor Monedero ha hecho su pequeño sacrificio intimando con  la celebrity Carmen Lomana, hija de banquero y viuda de millonario, que se le ofrece a plancharle media docena de camisas para que vaya a las televisiones “niquelao”. Más recientemente el señor Monedero comió roscón de Reyes con la señora Lomana y un selecto grupo representativo de la derecha pijo-capitalista. Ignoro si al señor Monedero le tocó el haba. 

Sospecho que la reciente afición del profesor hacia la egiptología y la arqueología se debe a su deseo de pisar las nobles alfombras palatinas del capital, abriéndose paso hacia la casta de los poderosos y demostrando que, aunque “parvenus”, no deben ser temidos por el capital, si dama de tan alta alcurnia muestra sus debilidades por quien considera “inteligente, cálido y agradable”, un Mimosín, vamos. De hecho, esta tendencia hacia las antigüedades de señor Monedero parece ser algo más que una mera iniciativa de la cúpula oligárquica podemita para convertirse en política asumida por la organización que realiza ya mercadillos solidarios en algunos de sus Círculos; mercadillos, eso sí, más modestos que los que monta la señora Lomana. Ésta los organiza con mensaje navideño y balance anual incluidos, como reina de vanidades que compite con Felipe VI. La caridad que ella llama solidaridad la lleva a sacrificar algunas pieza de su colección de moda para y recaudar así algunos eurillos para que las madres pobres, que no pueden calzarse unos calcos de Manolo Blahnik como dios manda, alimenten a su prole. 

El proceso de elevación de Podemos a alternativa de gobierno ha sido muy poco sutil. No necesitaba serlo ni hacía falta mayor disimulo, dado el bajísimo nivel de memoria histórica sobre la transición, el desconocimiento casi absolutamente general de cómo se montó a mediados de la década de los 70 del pasado siglo, en tan sólo unos pocos meses, un PSOE prácticamente inexistente, la ausencia de cultura política del ciudadano medio español, el bombardeo mediático para elevar a este partido a categoría de “Gobierno de Salvación Nacional” y el pancismo casi absoluto de unas clases sociales medias y subalternas cuyas aspiraciones políticas se limitan a la revancha frente a la mayoría de los políticos y la vuelta a los buenos años del consumo despreocupado de masas. 

Si a esto le unimos el fanatismo mental de quienes han sido abducidos por el mensaje de los salvapatrias y la creencia en que para revertir los cambios que impone el capitalismo basta con la mudanza de gobierno y algo de movilización en su apoyo (no mucho, no sea que la cosa se desmadre hacia donde no se quiere ir. Lo justo para lograr el objetivo esperado) el camino está rodado. 

2.-¿Para qué sirven los flautistas de Hamelín en una crisis de las élites políticas?:

Vivimos momentos de expectación dentro del largo bucle de la crisis capitalista. Aparecen signos contradictorios que mezclan indicios de un período de tímida recuperación dentro del ciclo largo depresivo, combinados con otros de signo opuesto, que insisten en inminentes recaídas en la sima más profunda, derivada de nuevas burbujas que pronto estallarán y de la ralentización de la economía mundial. 

Ningún gobierno que acepte el juego de la “legalidad democrática” burguesa -juego institucional, juego legal y, fundamentalmente, juego de los mercados nacionales e internacionales-, por “progresista” que pretenda ser, está en situación de revertir la crisis capitalista como tampoco los derechos económicos y sociales perdidos por las clases trabajadoras de los países centrales del capitalismo que la cura de caballo anticrisis les ha supuesto. La propia legalidad burguesa, que es el de la dictadura del mercado, consagrada por las constituciones nacionales de los países capitalistas y por sus aparatos jurídicos lo impide. Si dentro del respeto a las formas de esa legalidad burguesa, algún partido en el gobierno intentase forzar la situación, llegando a realizar políticas populares que protegiesen a la clase trabajadora y a otros sectores sociales golpeados por la crisis y revirtiesen algunas de las medidas más antisociales en materia laboral y de protección social y de derechos, las fuerzas del capital, los poderes fácticos a su servicio, las cloacas de Estado,  las instituciones internacionales, los mercados internacionales y otros sistemas de “inteligencia” provocarían tal desestabilización que harían caer a dicho gobierno como medida menos traumática o provocarían un golpe de fuerza con apariencia más o menos legal. El derrocamiento del Gobierno de la Unidad Popular de Allende en 1973 marca los límites de la acción política respetuosa con el orden establecido. Quien crea que esos tiempos ya pasaron es, como poco, un desinformado. Los atentados de falsa bandera y las guerras de cuarta generación se han dado hasta ahora en la periferia del sistema, mientras los recortes legales a las libertades, el aumento de los presupuestos para dotaciones policiales y la violencia represora del Estado contra grupos políticos y sociales disidentes va en aumento en Europa, a la par que se produce el crecimiento exponencial de los partidos fascistas. La maquinaria está preparada para llegar hasta dónde sea necesario.    

Quienes deseen llevar a cabo un programa realmente revolucionario, lo que nada tiene que ver con otro inspirado en un tímido keynesianismo, deben saber que sólo podrán hacerlo violentando las reglas del juego de la democracia burguesa y eso significa un determinado grado de uso de la fuerza, el necesario para impedir que la voluntad de transformación social sea quebrada por los enemigos de la misma. Cada uno es muy dueño de posicionarse como desee respecto al uso de  cierto nivel de violencia revolucionaria pero también cabe exigirle la coherencia de no pretender hacernos creer que quienes asumen la legalidad capitalista finalmente no acaban siendo lacayos del capital. Sé en qué país vivo, hasta dónde llega la famosa indignación de la denominada  “gente” y a cambio de qué migajas se les pasaría aquella. Pero sé también que el camino de la “desilusión” está alfombrado de las renuncias de quienes creen en el poder mágico del voto, en que basta con tener voluntad política y de las posiciones que empiezan con la demagogia sesentayochista del “seamos realistas, pidamos lo imposible” para pasar rápidamente al programa de lo realista y de la concreción, como les gusta decir a los dirigentes de Podemos y finalmente, acabar haciendo la política que exige el capital, como ya demostró el señor Zapatero, cuya senda siguen ahora con inaudito entusiasmo y pasmosa rapidez estos señores del Círculo.  

No conozco a nadie con suficientes cualidades de clarividencia que pueda vaticinar de modo seguro  cuál será el futuro de la economía española y mundial en los próximos 3-4 años. Casi todos los que pretenden dar a entender que entienden algo de rentas y riquezas de las naciones prefieren situarse en escenarios más o menos posibles, más o menos previsibles. Hablan de tendencias pero no parecen transmitir demasiadas certidumbres, salvo Rajoy, sus ministros del área económica y algunos economistas liberales que, a falta de realizaciones, venden optimismo como el que vende aire puro del Himalaya embotellado.  

En cualquier caso, haya o no un cierto período de recuperación en España, la UE y USA, que casi todos los expertos tienden a calificar como débil, insuficiente o, en el mejor de los casos, moderada,  lo que así parecen evidenciar las crisis anteriores que han precedido a ésta desde 1973 y la complejidad de la actual (altos niveles de desempleo y bajos de consumo compatibles con altos beneficios corporativos en los 2-3 últimos años, procesos de formación de nuevas burbujas, altos niveles de endeudamiento público, períodos recesivos dentro de la crisis en países centrales de la UE, riesgos de deflación, crisis alimentaria mundial, crisis ecológica, crisis energética, etc), lo cierto es que se observa que la teoría de los ciclos largos de Kondratieff de 50-60 años, con un período alcista de similar duración al contractivo, ya no funciona. 

Los períodos de recuperación y crecimiento sostenido de la economía se han vuelto más cortos y se muestran más débiles en los países centrales del capitalismo, en tanto que los períodos restrictivos se alargan y tienden a mostrar causas estructurales y sistémicas cada vez más profundas. Ello evidenciaría, como señala Jorge Beinstein, que el capitalismo parece haber entrado en una etapa senil. Con esta afirmación no me estoy apuntando a ninguna versión de la tan negativa y desmovilizadora teoría del derrumbe. Ningún sistema económico ha caído sin unas crisis sociales y conflictos que lo empujen, salvo sabotaje premeditado de las élites dirigentes. Y eso en estos momentos no sucede por ausencia de proyecto político revolucionario, aceptación del sistema de dominación por sus víctimas y desvío de la crítica de la desigualdad económica a la instancia política de representación. 

Sea como fuere, y más allá de las alaracas propagandísticas de gobiernos conservadores, liberales y social-liberales, lo cierto es que hay indicios confusos y contradictorios de una débil recuperación económica, seguramente breve en el tiempo, que en España podría concretarse en cuestiones como un cierto repunte del empleo precario y de baja calidad, una moderada reactivación del consumo que el gobierno del PP incentivará con un irresponsable descenso del IRPF que podría incrementar la deuda pública, con el consiguiente incremento en el desmantelamiento de este sector y de los servicios sociales, un modesto aumento del crédito y un ligerísimo alza de los salarios, lo que se hace imprescindible si se pretende la citada recuperación de consumo y de la actividad económica.  

Pero esa recuperación tendrá unas bases nada sólidas, muy ligadas a sectores especulativos -ya se vuelven a ver las grúas en el paisaje de las grandes ciudades-, no se traducirá en empleo de calidad sino en uno aún más precario del ya precario que abundaba antes de la crisis y de rápida destrucción ante una contracción económica, y con riesgos de formación de nuevas burbujas no sólo financieras, lo que se traducirá muy probablemente en un rebrote posterior de la crisis que producirá caída a plomo posterior de la economía.

Mientras tanto, los sectores de las clases medias que vivieron el dorado sueño del consumo y que ahora se ilusionan con proyectos ciudadanistas que les hablan de la pública inversión keynesiana, que permita la recuperación económica y la vuelta a la modorra de su antaño cómodo estilo de vida, vivirán por un breve tiempo la esperanza de retorno a los felices tiempos de la tarjeta visa echando humo. Pero la clase trabajadora que en el pasado fue mileurista y hoy es seiscientoseurista seguirá ajena a los programas de salida de la crisis, ya vengan de la derecha ultraconservadora, la social-liberal o la neofalangista empoderada porque apenas han existido fuerzas políticas y sindicales que hayan combatido por ella ni están en la mente de los partidos del sistema. 

El encumbramiento mediático de la secta podemita y los apoyos empresariales que recibe tienen su razón de ser. 

Más allá de que potenciar a Podemos sea un modo de dividir el voto antiPP, lo que es cierto pero no deja de ser un asunto anecdótico menor ante la evidencia de que todo partido que acepte las reglase del juego legal, aceptará finalmente las órdenes del capital, porque lo legal comprime lo que es posible hacer y evita oponer la fuerza frente a la violencia del chantaje capitalista, lo cierto es que Podemos es una buena opción para el sistema económico desde diferentes escenarios de futuro posibles.

En un posible marco de recuperación económica, ni siquiera un descenso de la agitación política y social permitirían al PP o al PSOE gobiernos sólidos y suficientemente estables. 

Son opciones “quemadas”que, aunque pudieran llegar a gobernar lo harían con mayorías exiguas e insuficientes. Por este motivo, la existencia de partidos comodín que sirvan para dar juego a un sistema político un tanto avejentado, pero mucho menos caduco de lo que algunos afirman, “regenerar” el espíritu de pactos y consensos (por mucho que hoy lo nieguen quienes van de alternativos y antipactos), una vez desechadas como negativas las mayorías absolutas y el bipartidismo, sería de gran utilidad sistémica.  Por mucho que se afirme que abrir el abanico parlamentario es desestabilizador para la formación de mayorías suficientes, más desestabilizador es que éstas se conformen sobre gobiernos de coalición a partir de partidos muy desgastados Ciudadanos y, principalmente, Podemos cumplirían ese papel de flancos “complementarios” de los dos partidos históricos, PP y PSOE, por mucho que el partido del Círculo lo niegue. Se ha cerrado de tal modo el camino de posibles alianzas que, si no gana las elecciones con mayoría suficiente, y no las ganará, pasará, más temprano que tarde, a ser muleta de otros, siempre que la situación política no se desestabilice y haya un período de cierta recuperación económica que le obligue aún más a jugar al posibilismo y el pragmatismo, ya hipermoderado, más allá de su farsa gritona, y a convertirse en partido útil y necesario, si no quiere quedarse marginado del juego político.

En ese escenario de reestabilización política y económica, Podemos participaría de las mieles del poder político a cambio de actuar como cortafuegos de diferentes factores potenciales de conflicto.

En su primer año de vida ya ha jugado su papel respecto a la movilización. El estúpido fetichismo de la ilusión de “cambio” mediante el voto (término que en 1982 empleó el PSOE y que ahora usa ya  Podemos sin recato alguno) ha sustituido a la protesta social. 2014 ha experimentado un descenso de las manifestaciones de un 70%. Por supuesto, hay más factores que explican esta quiebra pero la encantamiento de amplios sectores de la sociedad por la vía de la podemitis aguda ha jugado su papel. 

Frente a la Reforma del Código Penal y de la Ley Orgánica de Protección de la Seguridad Ciudadana poco, muy poco hemos visto protestar a Podemos, salvo algún tuit perdido por ahí. Asegura la calma que también le viene para su estrategia de sustitución de la lucha en la calle por la idolatría del voto. Estoy convencido que los silencios podemitas son tan elocuentes o más que sus palabras. 

¿Qué decir de la actitud de Podemos ante la forma de Jefatura de Estado? Empezaron diciendo aquello de que Podemos no decidiría su posición ante la dualidad Monarquía/República sino que se pondría detrás del “pueblo”, fórmula indecentemente cínica de no adoptar postura. Boicotearon las movilizaciones republicanas tras la abdicación de Juan Carlos I y se negaron a sumarse a frente republicano alguno. Quizá aporte alguna pista que Henar Ortíz, tía de la reina Letizia, o su ex marido Alonso Guerrero, ambos hoy en Podemos y, cómo no, el interés que pone Pablo iglesias al contarle en entrevista al señor Évole que “la reina Letizia tiene interés en conocerme”

Veremos cómo al pasar los meses el proceso constituyente del que habla el partido del Círculo se transforma, de dinámica político-social, en uso explicativo del proceso interno de construcción podemita para, finalmente, perderse “como lágrimas en la lluvia”

Para el caso de que la recuperación económica fuera un espejismo, tipo el de los brotes verdes de Zapatero, sin apenas otra cosecha que diversos pelotazos empresariales en obra pública, una cierta recuperación de la construcción y muy temporal de la actividad bancaria a través de la reactivación del producto hipotecario, y que, finalmente, la economía terminase de caer a plomo, Podemos podría cumplir un papel distinto pero mucho más lesivo para la clase trabajadora. El de convertirse en un elemento no ya de desmovilización por pasividad y por sustitución de la protesta en la calle por el fetichismo del voto sino de obstáculo a unas luchas que vendrían, de nuevo, como ha sucedido en los últimos años, del mundo laboral, ya sea de los sectores públicos o de las empresas privadas. Esto se llevaría a cabo mediante tácticas de disuasión y freno de las luchas; eso en el mejor de los casos. Para tal efecto nace un “sindicato” al que los podemitas llaman “Somos sindicalistas”, aparentemente ajeno a Podemos pero creado por miembros de dicho partido, por lo que actuará como su correa de transmisión; un sindicato verticalista, que integra a trabajadores y empresarios, más pactista en su modelo sindical que los pactistas reformistas de CCOO y UGT, partidario del modelo alemán de corresponsabilidad sindical y rechazado no sólo por el sindicalismo pactista sino por el alternativo; un sindicalismo en definitiva que también dejará desatendidos a los trabajadores precarios y de las PyMEs, dado que sus objetivos se sitúan en los grandes centros de la administración y de los servicios (enseñanza, sanidad,…) donde su poder sindical pudiera lograr interesantes beneficios personales para la neocasta sindical que sustituyera a la vieja élite de liberados. No serán precisamente un dechado de virtudes de lo que debe ser un sindicalista al servicio de la clase trabajadora pero, por no serlo, serán bien recompensados si las tensiones sociales se agudizan y el neosindicalismo cooperativo y responsable podemita se emplea a fondo en buscar soluciones alternativas “al conflicto” y a la huelga. De cómo es ya hoy el estilo sindical podemita dan buena cuenta Sergio Pascual, secretario de Organización de dicho partido y Auxiliadora Honorato, secretaria de Acción Institucional de la misma formación. Como representantes sindicales del SAT llevan dos años sin acudir a las reuniones de la junta de personal de los servicios centrales de la Junta de Andalucía por dicho sindicato, porque según ellos no sirve para nada, ello a pesar de que para la realización de sus tareas de representación de los trabajadores disponen de 40 horas mensuales remuneradas, a las que no renuncian. Vamos, que traicionan  la representación de los trabajadores que les eligieron y dejan sin representación al SAT en dicha junta, que sólo dispone de dos representantes, ellos. No parece su comportamiento mucho más edificante que el de otros sindicatos que ellos critican. Al contrario, parece que han aprendido bien la lección, de cómo no debe ser el sindicalismo.   
  
En el peor de los casos, dentro de ese posible escenario de agudización de la crisis capitalista, y tras la quimera de una débil y breve recuperación económica, y si Podemos fuese llamado a gobernar (tras el hundimiento del crédito y el consentimiento político-social del PP y el PSOE), no por los votantes sino por los que dicen a estos lo que tienen que votar -los medios del capital y otros creadores de opinión ya digerida-, esta organización podría actuar de eficaz parapeto contra la recuperación de la movilización y una posible radicalización de la clase trabajadora, según fuese profundizándose la crisis. 

Cuestiones como el casi silencio de Podemos ante la Ley Mordaza, su pasividad ante la TTIP (auténtica violación del derecho de los Estados al control de la economía y de los derechos y conquistas de la clase trabajadora), para la que ya ha previsto una tasa, lo que es un modo tácito de admitir aquella, o su acercamiento a la policía, con Círculos específicos y con inclusión de estos profesionales en cargos en otras asambleas de tipo territorial, o a las Fuerzas Amadas, que también tienen Círculo en la organización orientan el posible papel de Podemos en un escenario no deseado por la clase capitalista, el de la agudización de su crisis y de sus contradicciones.

La represión contra la clase trabajadora por parte de una fuerza política que haya sido aupada desde la irracionalidad de la “ilusión”, que nada tiene que ver con la convicción racionalmente asentada, que llega como poder sin cargas del pasado y con energías “frescas” podría ser una buena opción para un capital que pueda verse enfrentado a una elevación del ciclo de la lucha de clases. 

3.-El giro a la derecha presentado como lo nuevo dentro de los “significantes vacíos” a rellenar según convenga:

El concepto de los “significantes vacíos”, expresión que el peronista Ernesto Laclau copia de la jerga lacaniana, como fórmula que permite aglutinar a diversas corrientes de opinión sin identificarse con ninguna de ellas, es la gran coartada ideológica para la llamada centralidad política de Podemos, que no es otra cosa que la gran marcha de la organización hacia la derecha. Errejón, admirador de populismos y peronismos, dirá de dichos significantes que son “susceptibles de ser llenados por uno u otro contenido particular, en cuyo caso pasan así a designar la nueva totalidad construida”. Y añade, divulgando a Laclau: “Justicia”, “libertad” o “patria” son ejemplos de significantes tendencialmente vacíos. En elaboraciones más recientes Laclau (200&) entiende que el significante vacío por antonomasia es el nombre propio del líder que, en los procesos más amplios, encarna y cristaliza la identidad popular”. El líder, en nuestra terminología continental europea, podría ser, porqué no, para Errejón, el caudillo, jefe, conducator, führer o duce. En el caso de Podemos, los líderes “rellenadores” de los significantes vacíos, que entregan los mismos como Prometeo al “pueblo”, son los intelectuales que ellos mismos creen ser. Unos piensan, otros obedecen. Nueva división del trabajo.

Pero la realidad es que esos significantes no han estado históricamente vacíos, como pretendía el falsario Laclau, y con él su pupilo Errejón y la tuna podemita del Círculo Complutense. Lo cierto es que categorías como pueblo, nación, justicia, libertad o patria han estado sometidos a procesos y significados políticos muy distintos según vengan de los jacobinos y los cordeliers de la Revolución Francesa o de la reacción posterior nacida del Thermidor francés. Pueblo, perversión del concepto que muchos izquierdistas confunden con clase trabajadora, no es lo mismo para estos que para un nacionalsocialista o un fascista, como sucede con tantos términos, cuya categorización está sujeta a variables ideológicas, políticas y, en muchos casos económicas, así como también a una tensión dialéctica que hace que las categorías no sean nunca estáticas. Tómese el término libertad. Para un liberal será ante todo un valor individual que acaba concretándose, aunque no sólo, en la libertad de empresa. Para un marxista es, ante todo, la superación del reino de la necesidad desde la emancipación de la clase explotada como colectivo. 

Cuando se soslayan las dimensiones histórica, dialéctica e ideológica desde las que se sustentan las diferentes interpretaciones de las categorías que conforman lo político, lo que se está haciendo es trampear los significados de esos “significantes” que, al contrario de como afirman Laclau, Errejón y otros “teóricos” podemitas nunca han estado “vacíos”. Otra cosa muy distinto es que ellos pretendan vaciarlos de contenido en una especie de pirueta transideológica para rellenarlos de lo que en cada momento les convenga, a fin de llevar el agua a su oportunista río. 

La cuestión se agrava cuando se rehuyen, desde una simulada matriz popular, categorías que operan en el plano de la realidad bajo el pretendido pragmatismo de hacer más asequible el lenguaje al “pueblo” y de evitar dividir su mayoría, olvidando que éste se conforma de intereses diversos y hasta divergentes y opuestos. Así conceptos como clase social, clase trabajadora o capital desaparecen en beneficio de falsas oposiciones “gente”/”casta” que ocultan la razón fundamental de la desigualdad: que la producción material de bienes y servicios es un hecho colectivo pero que el beneficio que dicha producción genera es fundamentalmente individual porque el auténtico poder que sustenta esa desigualdad se encuentra en la dualidad propiedad de los medios de producción vs. trabajo asalariado o en su ausencia, desempleo, que es otro modo de sufrir las consecuencias de un régimen económico capitalista. 

El objetivo de esa falsa oposición “gente”/”casta” es el de distraer o esconder la realidad de que no es en la política donde se producen la injusticia, la desigualdad o la pobreza sino en la estructura económica que sustenta al sistema político, ya que es el primero el que determina los límites constitucionales de aquél y no una pretendida soberanía popular, la cuál actúa de mera “legitimación” de aquél pero nunca cambia por medio del sufragio un orden social y económico que acabe con la desigualdad y la explotación. Las constituciones de economía social de mercado o Estados del Bienestar no han sido más que matizaciones suavizadas de los sistemas políticos liberales, soportados sobre economías capitalistas, breves paréntesis históricos con tendencia a desaparecer en un proceso de concentración capitalista de la riqueza, también en los decrecientes Estados del Bienestar nórdicos, supuestos modelos de referencia para el mundo podemita, que ya se ha apresurado a decir lo que algunos sabíamos hace tiempo: que Venezuela no es su modelo. Hasta los países llamados del socialismo del siglo XXI, entre otras causas por su aceptación de las reglas del juego del sistema político liberal, no dejan de ser países capitalistas, con un mayor intervención del Estado en la economía y con una mejor redistribución e igualdad económicas pero regidos por los principios de la eufemísticamente llamada economía de mercado. 

Todo esto no debiera ser un secreto si entendemos que el capitalismo es preexistente a las “revoluciones democráticas” de finales del siglo XVIII y mediados del XIX y que ha sido compatible con constituciones liberales puras, con sufragios censitarios y universales, con sistemas de Estado del Bienestar y con dictaduras militares y políticas.  

Tenemos pues que la dicotomía “gente”/”casta” es un falso antagonismo que oculta que la llamada “gente” está compuesta por clases sociales, con muy desiguales condiciones de existencia y de posiciones en la estructura del poder económico y de la propiedad. Como tal, “gente” es un agregado sociológico de muy pobre significado, apenas diferenciable del término masa o multitud, las cuáles, por cierto, son mediática y psicológicamente muy manipulables desde el gregarismo básico al que apelan. 

Ni siquiera es posible negar que la llamada “casta” no sea parte de la “gente”, en la medida en que ésta es una apelación al carácter plural de lo humano. 
En el fondo, “gente” no es sino un modo más light, más desideologizado aún que las categorías de “nación”, “pueblo” o “ciudadano”, las cuáles son muy útiles para escamotear las diferencias sociales. Eso sin recurrir a ciertas acepciones de casta como:
  • Núcleo social cerrado: desde la constitución original de Podemos en la Universidad, y no sólo en la Complutense, sino también en otras (más del 80% de su Consejo Ciudadano está formado por universitarios) hasta sus antecedentes en el CEPS o Contrapoder, pasando por los comportamientos endogámicos de becario “sólo-me-faltó-un-papel”, al que favoreció su mentor en la dirección del trabajo no acabado ni finalmente entregado.

  • Estamento social al que se accede por herencia, lo que conecta con la teoría de la reproducción de las élites. Ejemplos hay muchos de cómo una neocasta en construcción nace de los huevos que pone la casta precedente. Me limitaré a citar sólo algunos de ellos en Podemos y que van desde el señor Íñigo Errejón, hijo de José Antonio Errejón, altísimo cargo de la Administración Pública desde hace 30 años, que ha pasado por varios gobiernos de distinto signo y también alto funcionario al servicio de la Junta de Andalucía con el señor Chaves, hasta Pablo Bustunduy, coordinador de Podemos en Bruselas e hijo de la ex Ministra del PSOE Ángeles Amador, pasando por Gemma Galdón, hija de la ex diputada autonómica, abogada y mujer de negocios María Dolors Clavell o Marc Bertomeu, coordinador de Podemos Barcelona e hijo de Jordi Bertomeu, Presidente de la Euroliga de baloncesto. 
Y es que, al final, esa neocasta formada por funcionarios de grado medio y alto -en Podemos muchos-, universitarios con aspiraciones a catedrático o, en su defecto, a élite política o a ambas cosas, opinadores a sueldo (Público, El Diario, Infolibre y Cuarto Poder, tienen un buen puñado de ellos, además de los tertulianos de las tvs), expertos en tecnologías de la comunicación y la información, leguleyos y otros especímenes de la fauna ciudadana y podemita tiene el reflejo de tratar de salvarse de la quema de esa “clase media” en peligro de extinción por la vía del aventurerismo político. El 15M fue el ejemplo de cómo el malestar de esa “clase media” que, en pos del “¿qué hay de lo mío?”, fue aprovechado por algunos de sus negados pero realmente existentes líderes políticos para medrar profesionalmente a través del brillo personal que les brindaron los medios de comunicación del capital, como ahora se lo prestan a los líderes podemitas.  Las teorizaciones de algunos de aquellos indignados acerca de la comparación entre viejas y nuevas clases medias expresaban el anhelo de salvar de la quema al menos las apariencias de las que disfrutaron sus mayores.
  
El ficticio enfrentamiento “gente”/”casta” supone el sometimiento al imperio del capitalismo como sistema, por lo que elude (las diferencias antagónicas de clase), por lo que esconde (la lucha de clases, que existe incluso cuando se produce sin la conciencia de ejercerla) y por lo que niega, que la confrontación principal nace de lo económico y no de lo político. 

Desde la fuerte connotación política que los “significantes vacíos”, rellenados oportunistamente por  estos líderes de la “gente”, dan al término “casta” es fácilmente visible que lejos de ir con su “proceso constituyente” a acabar con el “régimen del 78”, como ellos lo llaman, mediante una ruptura política, que no económica, Podemos se encamina a “abrir el candado de la Constitución” delicada y cuidadosamente, sin romper nada. Y pretende que lo hagamos “todos juntos”, lo que indica que es consciente de que, aunque el poder económico, fáctico e incluso de las alcantarillas del Estado sople sus velas, puede que el souflé (mediático y de encuestas amañadas) se venga abajo más rápidamente de lo que desearían (la imagen de Pablo Iglesias se desdibuja por momentos) y deban compartir espacios de representación política entre lo supuestamente nuevo (ellos y Ciudadanos) y lo viejo (PP y PSOE), lo que tendría como resultado una segunda transición pactada. Y lo dice alto y claro Pablo Iglesias, al salvar “cosas muy buenas de la transición”.   

En este contexto, en el que nada será radical, empezando por lo político, y en el que en relación a lo económico ya ha afirmado Perry Anderson que “las propuestas de Podemos las podría firmar cualquier banquero”, expresiones tomadas de la protesta social como el obámico “si se puede” o “el miedo va a cambiar de bando” adquieren un carácter sainetero e incluso sarcástico que permite preguntarse qué narices pretenden decir de verdad con el “sí se puede” y si eso de “el miedo va a cambiar de bando” no será otra cosa que un simple paso a la condición de parados, por breve tiempo, eso sí, de unos centenares de políticos del PP y del PSOE principalmente. Es el tiempo de las apariencias, la precesión de los simulacros, que decía el postmoderno Baudrillard. 

Lo cierto es que “la nueva política” de Podemos tiene un estomogante hedor a cañerías atascadas. Oligarquía interna de Podemos, centralización del poder, acceso al sanedrín circular o a los vicerreinatos locales en función a la fidelidad inquebrantable al líder espiritual y político, listas plancha, ciberactivistas que sólo cuentan para pagar crowdfundings y otras donaciones, aplaudir las ocurrencias de los líderes y hacer los bises en las redes sociales, denuncias y luchas internas de poder en los vicerreinatos que, en ocasiones, son más bien reinos de taifas, pasteleos internos para ocupar puestos, palabrería hueca de contenidos, búsqueda permanente del titular que lleva a improvisar diciendo la primera tontería que aflora a la mente, dirigentes mediocres, pucherazos en elecciones a cargos en los círculos locales,…  

Para ocultar aún más la realidad de la lucha de clases, Podemos emplea un derivado de la raíz de su propio nombre – “poder”, cuál es el de “empoderamiento”, una modernez conceptual utilizada por los loros de repetición que ignoran el carácter de reformismo prosistema del término. 

El llamado “empoderamiento” es una expresión que remite al proceso de fortalecimiento espiritual, político y social de individuos y comunidades pero que no cuestiona la estructura del sistema político y económico sino que se limita a tratar de paliar sus peores lacras, buscando la integración de aquellos en el mismo mediante la participación en él.  

Es llamativo que sean la Open Society Foundation del megaespeculador George Soros, la USAID (agencia injerencista vinculada con la CIA y otros servicios secretos USA), el Banco Mundial, la ONU o la gestión empresarial grandes promotores del mismo. El objetivo, pues, del empoderamiento es la mejora de las condiciones de vida de los colectivos afectados por pobreza o marginación pero nunca acabar con el sistema que los produce sino incrementar el consenso hacia el mismo.

En términos ideológicos, el empoderamiento busca salidas que eviten el conflicto social y es, por tanto, parte de la propaganda ideológica del sistema capitalista. Un narcótico que “emporra”

Como cierre de este apartado quiero señalar que es irónico que dos anuncios de sendos bancos, que actualmente están siendo emitidos en las televisiones, representen de un modo tan fiel la ideología dominante a la que Podemos sirve con sus discursos involutivos.

El primero de esos anuncios es el de la Cuenta Nómina de ING Direct. El segundo se llama “Generación Encontrada”. Es del Banco Santander. Les recomiendo encarecidamente que los vean (pueden encontrarlos en youtube, si no ven ustedes mucha televisión), sobre todo el primero de ellos, que le dará que pensar, si es que a usted le gusta hacer este ejercicio y no limitarse a engullir la comida que le dan ya digerida. 

4.-De las bocas de los dirigentes de Podemos sale un olor a rancio potaje cuartelero y beato:

Podemos está actuando como ariete del españolismo más cañí, patriotero, ramplón y de pandereta que cabía imaginar. 

Al inicial discurso patriota de Pablo Iglesias al inicio de la fundación de su partido, le sucedió aquello de “Yo soy español y no me gustaría que Cataluña se fuera pero quién soy yo…”. Vino luego una andanada de posicionamientos políticos que han sido un no parar: Ander Gutiérrez, de Podemos en Euskadi apelando a la teoría del entorno del todo es ETA del juez Campeador Baltasar Garzón, acusando a Jarrai y a Segui de “aterrorizar a todo aquél que no opinaba como ellos”. Tras él, el entonces miembro de Podemos Estepona, Manuel Vallejo, admirador de José Antonio Primo de Rivera, se despachaba en redes sociales con discursos encendidos de un nacionalismo español que bien podría haber salido de la boca de Sáenz de Ynestrillas. ¿Qué decir de la corriente Podemos Unidos en Cataluña y del portavoz antisoberanista de esta candidatura a las elecciones internas podemitas, Enric Martínez, que acusaba a Guanyem de filosonacionalista y llamaba, en plan Ciutadans, a buscar los votos de Podemos entre los votantes y ex votantes del PSC, exigiendo que Podem se desvinculase de dichas tentaciones? Luego vendría aquella andanada acusatoria de Pablo Iglesias contra el dirigente de las CUP, David Fernández con aquella frase de “No me veréis dándome un abrazo con Rajoy ni con Mas”. O vincular el soberanismo catalán sólo a CiU, soslayando que hay otro de izquierdas, que no es sólo el de las CUP, sino que atraviesa en mayor o menor grado a gran parte de la izquierda catalana. ¿Qué decir del ex fiscal Carlos Jiménez Villarejo, que tildó de antidemocrática e ilegal la consulta del 9-N? 

No me voy a olvidar de la callada por respuesta  a la carta abierta de un militante de la izquierda abertzale vasca a Pablo Iglesias y Juan Carlos Monedero ante la convocatoria de la manifestación en defensa de los derechos humanos de los presos políticos de Euskadi, pidiendo el apoyo de Podemos a la misma. Respuesta final de Podemos: no asistencia a dicha manifestación dejando, hipócritamente, que fueran sus bases las que lo decidieran a título individual. Para entonces Monedero ya hacía tiempo que en una entrevista en Radio Euskadi intentó salirse por la tangente a todas las preguntas que se le hicieron sobre el derecho de Euskadi a la soberanía, cerrando la cuestión, tras acusar de “casta” a los periodistas que le entrevistaron, con aquello de que “Podemos no se entretiene en minucias nacionalistas de quienes viven ensimismados”

Cierto que en cuestiones de “vertebración territorial” el señor Errejón tiene más cuajo que el señor Monedero y que es capaz de aparentar defender el derecho de catalanes o vascos a decidir pero, ¡ay amigo!, cuando concreta se le notan las hechuras porque plantear que el ejercicio del derecho de soberanía debe ejercerse en el marco de un proceso constituyente no es tan distinto de lo que dice Rajoy cuando afirma que sobre ese derecho deben decidirlo el conjunto de los españoles. 

Como marxista creo que la clase trabajadora no se liberará dividida por intereses nacionales pero soy muy consciente de que lo mismo que basta con que el miembro de un matrimonio quiera divorciarse sin necesidad de mutuo acuerdo, un pueblo, del que una parte significativa del mismo siente que vive bajo las condiciones de matrimonio forzado, tiene el derecho de exigir su voz y el ejercicio del derecho a decidir sobre su autodeterminación sin necesidad de que el resto de los territorios que conforman el Estado se pronuncien sobre dicho derecho o de postergar sus deseos a que otros avancen en procesos que siente ajenos. 

Bajo este tipo de discursos que van desde el patrioterismo y la afiliación de fuerzas coercitivas -ejercito y policía- a su organización hasta el cinismo y la ambigüedad calculada tan del estilo PSOE de los primeros años de la transición, los silencios, omisiones, medias palabras, la alternancia de varios discursos, según se hagan desde los territorios que plantean el derecho a la independencia o desde Madrid, la proyección de un perfil bajo, que evite pronunciamientos claros y rotundos, o la pervivencia de apelaciones al patriotismo, por mucho que se busque enmascararlo desde la resignificación de los “significantes vacíos”, lo cierto es que Podemos se va a aproximando a marchas forzadas a posiciones sobre la unidad de España que no distan demasiado de las que pueden mantener UPyD o Ciudadanos, con los que comparte más cuestiones de las que admite, lo que favorece su posición como opción en la que los poderes fácticos ven un elemento vertebrador de España. Baste leer el regocijo con el que determinados medios proclives a la “integridad” de España acogen los pronunciamientos que enfrentan a Podemos con las distintas tendencias nacionalistas catalana o vasca, ya sean éstas de derecha o de izquierda. 

Pero también la España de sacristía y devota de María está presente en Podemos y lo va haciendo de manera acelerada. 

La cosa empezó con aquello del Círculo Podemos Espiritualidad Progresista, dirigido por el monje José Antonio Vázquez. Continuó con Juan Carlos Monedero que pasó de escribir un artículo en abril de 2012 titulado “Concordato con la Santa Sede” en el que defendía el laicismo de la II República, su prohibición de las órdenes religiosas y de la dedicación de la iglesia a la enseñanza, así como el hecho de que ésta estuviese obligada a pagar impuestos, a ser profesor de la Universidad Potificia, defender el Concordato con el Vaticano bajo el peregrino argumento de que, como el Vaticano es un Estado, los acuerdos con los Estados no se denuncian. Al señor Monedero le gusta tratar a todo el mundo como si fuese imbécil. El Vaticano no es un Estado más. El Vaticano es un Estado teológico y con ningún otro Estado teológico -desde luego no con Irán, por poner un ejemplo- se establecen unos acuerdos que van mucho más allá de la representación y que implican exenciones fiscales a la Iglesia Católica, enseñanza en las escuelas, financiación a cargo del IRF y tantos y tantos privilegios que ninguna otra religión tiene en un Estado que es aconfesional sólo nominalmente. 

Mención aparte merece la devota y bochornosa caída en la papolatría por parte de Pablo Iglesias. El entusiasmo con el que se desolló las manos en el Parlamentó Europeo y los vítores eutusiastas que entonó hacia Bergoglio de palabra y tuits resultaban doblemente ridículos, viniendo de quién en un pasado que no es tan lejano, pero parece ya remoto, se había confesado comunista y ateo. París bien vale una misa y el voto católico una conversión más firme que la de Pablo de Tarso en su viaje a Damasco. Sin duda, la luz cegadora se llamó cálculo electoral del caudal de voto católico.

¿Debe sorprendernos, entonces, que Infovaticana, uno de los órganos oficiosos de la iglesia católica española en particular y de la jerarquía eclesiástica vaticana en general trate con tanta amabilidad y a Podemos y a sus líderes, debe sorprendernos que reconocidos católicos de derechas, tales como Luis María Ansón o Juan Manuel de Prada se muestren tan respetuosos con Podemos?. Este últmo aprecia la funcionalidad del voto a esta formación como desahogo contra los políticos y señala, acertadamente a mi juicio, que “es una marca blanca del sistema”.

En definitiva y como conclusión general en relación con todo lo anteriormente expuesto, Podemos será una opción servil y útil al capital, que se empleará a fondo, como antes lo hicieron el PSOE y el PP, en responder a las exigencias antisociales que éste pueda dictarle, si llega a gobernar, en función de los intereses de aquél. Su programa político, lejos de representar una ruptura con el orden establecido en la transición del 78, se limitará, en el caso de un cambio del escenario político más general a una sustitución de siglas: PSOE por Podemos y PP por Ciudadanos. En el caso de un cambio parcial de escenario, estaremos ante un reacomodo de los dos nuevos partidos al alza dentro de las élites políticas siervas del sistema capitalista. Una nueva generación de políticos ambiciosos, cínicos y sin remilgos ni problemas de conciencia respecto al papel real que van a jugar. La monarquía y la sacrosanta unidad de España pueden dormir a pierna suelta por lo que a los nuevos partidos al alza se refiere. 

El ataque ideológico a los fundamentos políticos de la izquierda continuará, con la cooperación necesaria de los restos de la izquierda reformista que sobrevivan (no hablo del PSOE, hablo de izquierda reformista) que desde un Podemos que seguirá viajando al “extremo-centro”. Podemos hubiera encontrado un escenario mucho más difícil para ser un torpedo eficaz contra los valores de la izquierda si, cuando llegó la crisis, esa izquierda reformista hubiera dado un giro hacia posiciones de izquierda revolucionaria, hacia una organización de clase, abandonando su claudicante y desclasado ciudadanismo, y hacia la ruptura de sus compromisos con las reglas del juego político que impone el capital y hubiera combatido frontalmente el discurso podemita cuando apareció, en lugar de llorar por las esquinas porque hay intención de acabar con ella y porque el partido del círculo se niega a converger con él. Tampoco ha aprovechado la fase de desplazamiento que está sufriendo a manos de Podemos para haber realizado, aunque tardíamente, ese giro ahora.   
Probablemente, amigo lector, esta crítica última a la izquierda reformista le lleve a preguntarse porqué no he hablado de Syriza. 

Lo cierto es que conozco mucho menos a esta coalición, a la que le gusta que traduzcan su nombre griego de “coalición de la izquierda radical”, que a Podemos. La información sobre la política internacional nunca es tan exhaustiva como la nacional. Pero sí puedo adelantarle algunas de las cosas que conozco de la misma.  

Cuando en junio de 2012 se produjo el gran avance de esta coalición, tras la repetición de las elecciones generales del mismo año, por imposibilidad de que se formase un gobierno griego, Syriza ya hizo sus primeras aproximaciones a las embajadas de algunos países de la UE en Atenas, así como de los miembros del G20, que incluye a USA, con el fin de transmitirles un perfil de formación política razonable y madura, capaz de mantener los compromisos internacionales de un posible gobierno de la misma.

En Enero de 2013, Alexis Tsipras viajó a Estados Unidos para establecer contactos de alto nivel y dar una conferencia ante representantes de foros económicos del capitalismo, invitado por The Institute For New Economic Thinking, una de tantas agencias injerencistas pantalla del megaespeculador internacional George Soros, que pastorea a los movimientos reformistas “progresistas” en gran parte del mundo. Esta organización se encargó de pagarle el viaje y la estancia al líder griego. En dicha conferencia intervino también el máximo asesor económico de Syriza, Yiannis Milios. Copatrocinadores de aquella conferencia fueron también el Levy Economics Institute of Bard College, el Center for Global Legal Transformation, el Richman Center for Business, Law and Public Policy y la Columbia Hellenic Assocation.

Las buenas relaciones entre George Soros y Tsipras tienen que ver, entre otras razones, con la apuesta de Syriza, igual que de Podemos, por la emisión de eurobonos, una herramienta financiera a las que se oponen Merkel y el gobierno de Austria, porque haría depender demasiado la  refinanciación de la deuda de los países miembros de la UE de la economía alemana, por lo que perjudicaría esta última. Soros ve en la emisión de eurobonos una oportunidad de negocio ante la posibilidad de adquirir importantes paquetes de los mismos. El hombre cuyas jugadas especulativas fueron en el pasado la causa del colapso financiero del Sureste asiático y de los ataques a la libra esterlina no desaprovecha una oportunidad de negocio. 

En los últimos meses, al confirmarse el adelanto de las elecciones generales Syriza ha redoblado sus esfuerzos para transmitir una imagen de alternativa de gobierno responsable, ofreciendo pactar sus políticas con la UE, limitando sus propuestas sobre la deuda soberana que en el pasado eran de suspensión de la misma hasta la recuperación de la economía y el empleo en Grecia a su renegociación y reestructuración  y asegurando que los inversores alemanes nada tienen que temer de sus medidas de gobierno. Por supuesto, ante las presiones alemanas en contra de la formación de un gobierno de esta coalición, Tsipras ha redoblado su compromiso con el euro, lo mismo que ha hecho Iglesias, del mismo modo que con la gobernanza mundial. Ha pasado de proponer la salida de  su país de la OTAN a sugerir que ésta ¡¡se disuelva por su propia voluntad!!

Francamente, no veo grandes diferencias entre Podemos y Syriza, salvo que el segundo es un partido “ni de izquierdas ni de derechas” y el primero una coalición de partidos trotskistas, maoístas, eurocomunistas, ex comunistas y socialistas. En definitiva, una izquierda que transitando desde un anticomunismo no confeso, ni tiene por horizonte abordar una transición al socialismo ni se plantea un gobierno radical de izquierdas, por mucho que se reivindique tal, acabará siendo, caso de llegar a gobernar, que está por ver, porque ganar unas elecciones no significa tener mayoría para gobernar, una de tantas opciones posibilistas que no sacará los pies del tiesto.  

Así pues ese cacareado discurso de IU que enfatiza su sí a Syriza y su no a Podemos, en mi opinión obedece a un oportunismo de cortos vuelos, que no es capaz de distanciarse de su propio discurso reformista y que se agarra a Syriza como necesidad de supervivencia, vía homologación política, en el contexto internacional; a una Syriza que ya la sitúa como su segunda opción de referencia española frente a los podemitas. El origen diferente de Syriza respecto a Podemos no es garantía de nada que sea beneficioso para la clase trabajadora y no hay aval en absoluto de que un gobierno de Syriza en Grecia no fuera tan servil al capital como uno de Podemos en España. En ambos casos hay indicios que así lo sugieren.

En cualquier caso, un análisis más profundo del significado de Syriza en relación con la crisis económica, la evolución política internacional y la sustitución de los viejos peones políticos del capitalismo por otros nuevos sería ya objeto de otro artículo. 

Fuente original de la noticia: http://marat-asaltarloscielos.blogspot.com.es/2015/01/podemos-nuevo-titere-del-gran-capital-y.html

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