miércoles, 26 de marzo de 2014

Carta oculta de Arrabal al rey: “El Estado lo forman pandillas mafiosas con chantajes de “padrinos”

Arrabal le escribió una carta al rey reclamando moral pública
Arrabal le escribió una carta al rey reclamando moral pública
En esta tercera y última entrega, el dramaturgoFernando Arrabal revela en su carta dirigida al reyJuan Carlos que una pequeña élite política mediocre y corrupta se ha adueñado de España. Como en tiempos de Sócrates, siguen adorando el dinero, la ignorancia, los tópicos, la vulgaridad, el mal gusto, las nimiedades y las vaguedades, las falsas creencias ideológicas del siglo XX y los fanatismos periclitados en perjuicio de la ciencia o la tecnología. Y añade: “El gobierno desamortizador de una moderna nación, no dirigiría, ¡serviría! Vino a verme ayer el «sabio», y me dijo: «En verdad, los Estados el mal absoluto son. Asociaciones de individuos que sólo de acuerdo están para llamarse “Estados”. Pandillas mafiosas… las más eficaces de la Historia. Consiguen dinero y servicios con chantajes de “padrinos”. Tienen interés en provocar y prolongar conflictos “sociales” y terrorismos: refuerzan estos su poder y su prestigio. Si el impuesto es robo, los servicios obligatorios son avatares de esclavitud». Y responderle no supe. Dijo Gracián: «Razón de Estado, razón de establo».

En la carta al monarca, Arrabal afirma que “la peor inflación que sufren los Estados absolutistas no es económica, sino política. La primera es consecuencia de la segunda. Esta encuentra su sede en el gigantismo de las instituciones. Es decir, en su inmoralidad. El contribuyente costea opulencias gubernamentales, exuberancias estatales, abundancia de convites, prodigalidades de la corrupción y otros despilfarros faraónicos del desmesurado Estado. El primer acto de humilde gobierno sería desamortizar ministerios, mansiones y palacios de la administración intervencionista. Es inmoral que semejantes tesoros se guarden para uso y disfrute de los administradores”.

Desde “Espía en el Congreso” combatimos informativamente de manera feroz los abusos de la partitocracia ¿qué cree que les impulsa a ser tan despiadados en estos momentos tan difíciles para la mayoría?
Arrabal nos habla de la disciplina de partido
Los políticos del régimen nunca han temido que los ciudadanos honestos y honrados le disputen la urna

– Todo adicto que ha militado en organizaciones de partido desde la base, derecho tiene a acceder al más alto escalón del Estado sin temer la concurrencia de ciudadanos inteligentes y honestos. Para el hombre político humilde, gobernar es hacer lo mejor posible, en el sentido moral del término. Pero los «ministrables» afiliados del partido intervencionista sólo son «chupacuotas», según la terminología ácrata.


Sorprende además la baja calidad no solo moral sino técnica, cultural o intelectual de los políticos del régimen, lo que se ha llamado el gobierno de los mediocres…
Los hombres de partido dejan de lado sus convicciones
El trabajo habitual de los hombres de partido

– Los hombres políticos de partido, sin poner ni quitar trozo alguno a sus convicciones, lo mismo sirven para una función ministerial que para misión diplomática. Se les puede llevar o traer. Con el mismo acierto dirigirán elMinisterio de Justicia que el de Agricultura o pasarán del uno al otro tan fácilmente como un doctor en Filosofía se transforma en cirujano del páncreas. Los gobernantes intervencionistas, la riqueza nacional regentan, consiguen hacer trabajar a los ciudadanos tres días por semana en beneficio de las administraciones y el erario nacional distribuyen mirando a lo antojadizo de sus convicciones. Un modesto Estado desamortizador no juzgará a sus detractores, ni necesarios poderes tendrá para condenar a nadie. De la Constitución no se servirá como de una trampa para elevar a la sociedad, o «al pueblo», por encima de la moral.

A los mediocres del régimen usted los llama “genéricos” porque no admiten atisbo de heterodoxia, originalidad, incorrección política, disidencia estatal…
Esculapio: la enfermedad se cura con ofrendas, no con medicinas
Esculapio: la enfermedad se cura con ofrendas, no con ciencia
– El poeta Meleto, tras poblar su frente de laureles, denunció aSócrates como corruptor de la juventud y consiguió que a muerte fuera condenado. Con el vientre ya frío por el efecto de la cicuta, aCritón dijo sus palabras últimas y jocosas: «Debemos un gallo aEsculapio. No te olvides de pagar esta deuda». En verdad,Sócrates prefería ciencia a superstición, e Hipócrates a la «virgen-de-Lourdes» en la que los atenienses creían: “Esculapio, dios hijo de Apolo”. Sócrates frente a Meleto perdió: no era bastante «genérico». La Medicina, hoy, luciendo sigue en su escudo a «San» Esculapio. Dios al que Meleto y sus compatriotas obedientes ofrendas donaban en su altar -a menudo un gallo- para, por ejemplo, curarse de apendicitis. Gracias al «genérico lenguaje», sin orwelliana pesadilla alguna, con toda suavidad, hoy en nuestro país, mañana ya en nuestro continente, por fin en el mundo, alcanzaremos un mundo uniformizado. «Paraíso terrenal» en el que todos en concordia pensaremos de la misma manera, bajo la vigilancia del Estado intervencionista, veremos los mismos programas, leeremos las mismas revistas, elegiremos a los mismos dirigentes… Estos regímenes a las dictaduras demagógicas se asemejan. Sus mandamases “benefactores” son, repartiendo servicios «gratuitos».

Como los fantasmas personales en la obra de Dostoievski, el crítico con el Estado está aunque no se le vea
Dostoievski, otra víctima del Estado
De usted suelen decir que se le reconoce pero no se le conoce y aún menos se le lee porque escribe “raro” ¿está de acuerdo?

– ¿Cuando, al fin, se permitirá al disidente ignorar al gobierno, actuar como si el Estado no le concerniera? Por ahora, se tacha de iluminado al que esto pretende. Svidrigailov (Crimen y castigo) decía: “de acuerdo, esos fantasmas sólo aparecen a los iluminados. Esto prueba que sólo ellos pueden verlos, no que no existan».

Dostoiveski era otro genio, pero a veces estos sátrapas que se dicen “demócratas” son de todo menos tontos: el pícaro o pillo ascendido al poder del Estado…

– Stalin era hombre culto, lector de latín interesado por la ciencia, la filosofía, la biología. ¡Es tan frustrante que los tiranos no acumulen todos los vicios y taras! ¿Cómo encajar al Pol Pot apasionado, en la Sorbona, por filosofía, teatro, ¡mi teatro!, y música, con el Pol Pot asesino de un tercio de sus compatriotas?

¿Qué diferencias existen entre los dictadores y los “políticos” de Estado de este régimen?

– El ciudadano de bien actúa moralmente gracias a su reflexión y libertad. Las formas substanciales o convencionales de su comportamiento moral están emancipadas de discursos dogmáticos. La tutela política del Estado intervencionista le impide ser moral.

¿Como cree que se está desarrollando la educación en la Universidad española que, por las denuncias que nos llegan, es otro foco permanente de corrupción?
Arrabal critica el desprestigio y despilfarro que destruye a la universidad española
Arrabal critica el desprestigio y despilfarro que destruye a la universidad española
– La moralidad no es, como pretende el Estado intervencionista, un instante en el progreso de la Humanidad. No es una figura entre otras de una ética universal. La moderna sociedad, capaz de afrontar retos científicos, debe prescindir de tutelas gubernamentales. Un gobierno moderno y sin arrogancia se negará a manipular, por ejemplo, los faraónicos presupuestos de la «enseñanza superior» intervencionista. Chorro de gastos y despilfarros que amenaza con destruir la Universidad.Jóvenes estudiosos (y muy especialmente hijos de ministros) tuvieron que conseguir, para darse crédito y credits, un master en universidades extranjeras… ¡Cuánto dinero perdido a causa de orejeras ideológicas! Y, peor aún, ¡cuánto talento desperdiciado!

Desde “Espía en el Congreso” abogamos por la supresión de la sextuplicidad de las administraciones y políticos superfluos: ayuntamientos, diputaciones, autonomías, Congreso, Senado y ahora Parlamento Europeo. ¿Cual es su criterio?

– La humildad del gobernante del Estado inteligente, es decir, su modernidad, le impulsaría a vivir modestamente. Y no sólo porque es la única posibilidad de permanecer en contacto con el común de los mortales. La soberbia del Estado intervencionista se manifiesta por el derroche de denarios públicos. Esta sangría se incrementa a medida que crecen proyectos y planes. La corrupción es el resultado. El hombre moral, de lo superfluo no puede gozar cuando los demás lo necesario no tienen. Sin esperar reciprocidad alguna, el hombre de bien se siente responsable de las miserias y dolores de los demás.
rey enfadado
Arrabal advierte al rey del desastre ético que vive España
¿Con qué palabras le dijo todo esto al rey Juan Carlos?

– “El poeta, Señor, quizá más que ningún otro ciudadano, traicionaría su vocación si al Estado no recordara la preeminencia de la exigencia moral. El Estado, Señor, postergar no puede la conciencia individual sin hundirse en la inmoralidad… de todas lascorrupciones, madre. El hombre de bien, Señor, espera la apertura de un debate moral sobre el Estado de hoy. Bajo la presidencia de Su Majestad los mejores reflexionar deberían, Señor, sobre el desastre ético que el Estado origina”.

Por último, ¿como juzga la labor del “Espía en el Congreso”?

– Para muchos, defender la libertad de expresión se reduce a amparar las ideas que aprueban. Para los heterodoxos, el derecho a expresar ideas inhabituales es la esencia de la libertad. 

Lo más prudente y sencillo es defender la libertad de aquellos que no necesitan ser defendidos… porque piensan como los demás. A lo largo de tantas batallas en el tablero de la rebeldía, he ido observando que, como peoncito de a pie, el solitario heterodoxo vive los tres actos de la humana tragicomedia, que son al mismo tiempo las tres fases de la partida de ajedrez. En el primer acto (durante la apertura), a las ideas por el heterodoxo esgrimidas se las condena como absurdas, malévolas o interesadas. En el segundo acto (medio juego) se admiten estas ideas heterodoxas, pero solo como algo insignificante. Y por fin en el tercer acto (final de la partida), los denostadores de ayer reconocen las verdades del solitario heterodoxo y las reivindican… como descubrimientos propios, al tiempo que condenan definitivamente al precursor por “desfasado”.

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