lunes, 4 de noviembre de 2013

Economistas psicópatas y ludópatas seriales

Uno de los campos más incomprendidos de la teoría económica es la Teoría de Juegos. Aunque es una rama de la matemática aplicada que se usa en muchos campos como biología, sociología, psicología, filosofía, derecho, criminalística y otros, donde más se ha difundido es en la economía. Y pese a que sus principales logros fueron fruto de los trabajos de John von Neumann y Oskar Morgenstern antes y durante la Guerra Fría, los principales logros se le reconocen a John Nash, Premio Nobel de Economía de 1994 y cuya historia Ron Howard llevó al cine en esa torpe película que es Una mente maravillosa.

Pues bien, la teoría de juegos bien podría ser descrita como el más claro ejemplo de darwinismo económico, un juego de suma cero, donde por cada ganador hay siempre un perdedor… o varios perdedores. Es revelador que esta teoría se originó con el estudio de las acciones de los jugadores de póquer, donde cada uno solo quiere ganar todas las fichas de los otros jugadores. Con décadas de desarrollo en las ciencias sociales, el más famoso de estos juegos es el dilema del prisionero, que aporta una sorprendente visión simplista y egoísta de la naturaleza humana.

En el siguiente documental realizado por Adam Curtis, el mismo documentalista del post La influencia de Aynd Rand sobre Alan Greenspan, vemos a John Nash hablar de su teoría y de su trabajo en la inteligencia militar de Estados Unidos para la distención de la guerra nuclear con la URSS en los años de la guerra fría. Este análisis nos ayuda a comprender el espionaje masivo que realiza Estados Unidos desde la segunda guerra mundial al resto del mundo, y que quedó al descubierto con el caso Snowden.

Curtis devela el trasfondo pueril y mecánico de la teoría de Nash, donde los individuos, guiados por el egoísmo, apelan a la desconfianza y la traición. También echa por tierra las ideas de los economistas que cimentaron el modelo económico vigente desde comienzos de los años 80, como Friedrich von Hayek y James Buchanan, que apelaban a la reducción del Estado, las privatizaciones y el fin de la democracia. Se decía que los mercados estaban tan conectados con la vida de la gente, que no podía existir nada mejor habilitado que los mercados para resolver sus problemas y responder democráticamente a sus necesidades en una forma que no podía hacer la política.

Los mercados son las únicas máquinas de votar reales; Si estas máquinas se mantienen lejos del alcance de los políticos y las regulaciones, llegarán a expresar fielmente la voluntad de la gente… y quienes deben estar a cargo de esta revolución que por primera vez en la historia hará realidad la voluntad de la gente, son los banqueros. Ellos serán los encargados de hacer que esto ocurra

Bajo el gobierno de la banca


Curtis nos muestra la visita que Alan Greenspan (presidente de la Fed) y Robert Rubin (presidente de Goldman Sachs y luego Secretario del Tesoro de Estados Unidos) realizaron al recientemente electo Bill Clinton, en 1992, para informarle que todo su programa de gobierno deberá ser abandonado porque el déficit que hereda de George Bush lo hace imposible. Así, desde su primer día de gobierno, Bill Clinton debió reducir funcionarios y programas públicos por las órdenes de Alan Greenspan y Goldman Sachs. Clinton fue el primer presidente que transfirió su poder a la banca. Y desde Clinton en adelante, la banca comenzó a gobernar el mundo.

El resultado de este proceso lo tenemos hoy frente a nosotros: la mayor depresión mundial de la historia, sin alternativas reales de solución y con un futuro poblado de incertidumbre. La “democracia de mercado” se basó simplemente en la libertad para comprar y derrochar tanta basura como fuera posible aunque esto significara un retroceso crucial en la calidad de vida. Contrariamente a lo que se prometía, el consumismo no fue una estación intermedia del paraíso, sino más bien del infierno. Y esa misma banca que en 1992 tomó las riendas del mundo, quince años más tarde exigía ser rescatada con el dinero publico, y ha seguido exigiendo rescates en los últimos cinco años. La factura supera los 16 billones de dólares.

Es valiente y directo el documental de Adam Curtis que aquí cuelgo en los tres episodios que transmitió la BBC de Londres el año 2007. Y es casi profético porque da cuenta del precario equilibrio existente con gobiernos como el de Estados Unidos y Reino Unido rehenes del sistema financiero, al dejar que “los bancos sean los encargados de expresar la voluntad de la gente y transmitir la verdadera democracia”. Es tan simplista la visión que entregan estas ideas, que lo único que puede dar respuestas en este mundo atomizado en el cual cada uno busca su propio beneficio personal (maximizar el placer y eliminar el dolor) es el mercado. Ni la política ni la democracia pueden con el mercado ante seres humanos que solo quieren consumir. (I need my Dinner! replica a cada momento el primitivo Calíbanos en La Tempestad, de Shakespeare)

Economistas psicópatas


Curtis desentraña el conjunto de ideas que abrió la puerta a los mercados y derribó la democracia. Se trata de un modelo científico de la conducta humana que arranca de la teoría de juegos para mostrar a los seres humanos como máquinas deseantes o animales condicionados. Un modelo simplista que se burla de la metáfora de Francis Crick (co-descubridor del ADN en 1953) cuando empleó la palabra “como un ordenador” al describir la reproducción genética. Muchos científicos dieron vuelta esa idea y han tratado de entender el comportamiento humano como si fuera una computadora. Y dar vuelta esa idea ha sido un acto vil y siniestro, como expresa el propio Francis Crick. Por algo señala que “las únicas personas que realmente se ajustan al simplificado modelo matemático del comportamiento humano racional y egoista, son los economistas y los psicópatas”.

Adam Curtis va aún más lejos, y critica las ideas de Isaiah Berlin y sus conceptos de libertad negativa y libertad positiva, que abrieron la “tercera vía” de Tony Blair. También muestra los fiascos de Margaret Thatcher, cuando pone a un estratega nuclear de la posible guerra nuclear USA/URSS (el experto en economía matemática Alain Enthoven) a mejorar el sistema de salud del Reino Unido. Así como la estrategia de Enthoven aceleró el fracaso de Estados Unidos en la guerra de Vietnam (la gestión por resultados valoraba el número de víctimas y los soldados comenzaron a matar a civiles), así también fue el fracaso del sistema de salud en el Reino Unido, por querer cuantificar y medir lo inmedible. En fin, sobran los ejemplos de “matemáticas racionales” y economistas matemáticos que han querido reducir a un número mágico la clave de los problemas sociales. Ese es un mal camino porque no existe esa fórmula mágica. Y todos los que han intentado descubrirla, John Nash entre ellos, han sido esquizofrénicos o psicópatas.

 

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