jueves, 31 de mayo de 2012

Portugal a un año del rescate: Más recortes, fuertes ajustes presupuestarios y deterioro del nivel de vida


     Desde ese momento, la crisis y el ajuste dejaron de ser algo teórico. Con recortes que se han sucedido por todas partes: sanidad, educación, transportes públicos... Además de un doloroso aumento de la fiscalidad, con un IVA que en su tramo más alto llega al 23%.
Siguen hablando del "éxito" de las economías rescatadas que hacen los deberes, pero la realidad demuestra que la situación es muy grave y es muy difícil sobrevivir el día a día.
Para ello, basta leer esta noticia publicada por la web Noticias Jóvenes y su crudo relato no solo de la situación que se atraviesa en ese país sino de la conformidad y/o pasividad de gran parte de la población. Y esto creo, que es lo más temible.
Portugal, sobrevivir en un país intervenido  - (Noticias Jóvenes)
Al cumplirse un año de su rescate, la economía lusa se ha convertido en un enfermo ejemplar, pero que no mejora.
En Portugal, cuando hablan del MoU, no se están refiriendo a su célebre compatriota entrenador del Real Madrid. El MoU (Memorandum of Understanding on specific economic policy conditionality) es la última palabra que rige sobre la vida económica de este país de 10,6 millones de habitantes con tendencia a cambios radicales cuando el calendario llega al mes de abril. En abril de 1974, la democracia vino con la revolución de los claveles. Y en abril de 2011, el Gobierno socialista del primer ministro José Sócrates —al no prosperar su cuarto intento de ajuste y dispararse el interés de sus bonos a diez años hasta un prohibitivo 8,54%— se vio obligado a plantear una dramática solicitud de rescate a la Unión Europea, siguiendo los pasos de Irlanda y Grecia.

Al mes siguiente, esa petición de ayuda se materializó en un «bailout» (rescate) por valor de 78.000 millones de euros. Capital con un interés en torno al 4%, entregado a plazos y condicionado a toda una letanía de profundas y dolorosas reformas dictadas por el MoU. La letra pequeña para poner en orden las finanzas de Portugal y poder retornar a los mercados en septiembre de 2013 está a cargo de la troika formada por el Fondo Monetario Internacional, la Comisión Europea y el Banco Central Europeo, cuyos representantes periódicamente descienden hasta Lisboa en misión fiscalizadora.

Precisamente esta semana ha empezado una de esas inspecciones. La cuarta en el plazo de un año desde que los portugueses viven «troikados». Esta especie de auditoría de compromisos cumplidos supone el despliegue durante dos semanas de un destacamento de jóvenes técnicos con ordenadores portátiles en busca de cifras, plazos y documentos. Mientras, tres altos funcionarios se encargan de los contactos a nivel político: Abebe Selassie (FMI), Jürgen Kröger (Comisión Europea) y Rasmus Rüffer (BCE).

No como españoles

«En otros países se les habría recibido con protestas en el mismo aeropuerto, pero nuestro carácter no es así, nosotros no somos como ustedes los españoles», explica el sociólogo Jorge de Sá, que desde hace años mide con sondeos mensuales cómo evoluciona la opinión pública portuguesa. Como mucho, hay comentarios molestos si trasciende, como en ocasiones anteriores, que los de la troika han sido agasajados en un restaurante de lujo.

Nicolau Santos, periodista económico y director adjunto del prestigioso semanario «Expresso», habla de una «desesperación silenciosa» ante las limitadas protestas registradas en Portugal durante este año de rescate, elecciones, cambio de Gobierno y forzado ajuste. Según argumenta João Cantiga Esteves, uno de los economistas más divulgativos sobre la crisis portuguesa, existe un consenso social tácito de que la troika es «una ayuda necesaria, una oportunidad» para sacar adelante todas las reformas que sucesivos gobiernos han sido incapaces de materializar.

Este conformismo no significa que durante el último año Portugal no haya acumulado motivos de sobra para cantar su fado más triste. La vida diaria se ha visto impactada directamente por la «austeridade» y los recortes dictados por la troika para reducir un déficit público que en 2010 superó el 9% del PIB portugués y que este año debe llegar al 4,5%. «Hemos pasado de las tijeras a la motosierra», comenta una joven envidiablemente políglota en la plaza del Rossio del centro de Lisboa.

A pesar de partir de niveles de retribución salarial más bajos —los «mileuristas» de España a este lado de la raya son con suerte «560 euristas»— los sacrificios no han hecho más que agolparse desde que el Gobierno decidió aplicar el año pasado un impuesto especial del 50% sobre la paga extraordinaria de Navidad de todos aquellos portugueses con ingresos superiores a 485 euros mensuales, el equivalente al salario mínimo. Desde ese momento, la crisis y el ajuste dejaron de ser algo teórico. Con recortes que se han sucedido por todas partes: sanidad, educación, transportes públicos... Además de un doloroso aumento de la fiscalidad, con un IVA que en su tramo más alto llega al 23%.

Aunque los términos del rescate fueron negociados con la troika por el dimisionario Gobierno socialista, su implementación corre a cargo del nuevo gabinete presidido por el primer ministro Pedro Passos Coelho. Se trata del Gobierno portugués más joven y más reducido desde la revolución de los claveles. Con cuatro de sus once ministros sin afiliación política, empezando por el titular de Finanzas, Vitor Gaspar, que esta primavera ha confirmado que jubilados y funcionarios tendrán que esperar por lo menos hasta 2018 para recuperar íntegramente sus pagas extras de Navidad y verano, actualmente suprimidas.

El socialdemócrata Passos Coelho, entre otras cosas conocido por su voz de barítono, cuenta con el respaldo de los conservadores del Partido Popular en el palacio de São Bento, la sede neoclásica del Parlamento portugués flanqueada por leones menos rampantes que los de la Carrera de San Jerónimo. Los críticos del Gobierno insisten en que están siendo «más troikistas que la troika», al intentar acelerar el ritmo y calado del ajuste requerido. El nuevo primer ministro incluso ha llegado a pedir a sus compatriotas que no sean «piegas» (blandos, quejicas).

Por ahora, la única pretensión de la troika rechazada por el Gobierno portugués ha sido rebajar la Tasa Única Social, la aportación de las empresas a las arcas de la seguridad social portuguesa por cada trabajador. Por lo demás, en las periódicas revisiones sobre la aplicación del MoU, el gabinete de Passos Coelho ha obtenido las mejores calificaciones. Aunque la condición de Portugal de ser un paciente ejemplar forma parte del gran debate planteado en Europa sobre los límites de la austeridad.

A pesar de haber hecho todo lo requerido, la economía lusa permanece en estado crítico. Para este año, se espera un retroceso del PIB de entre un 3,1 a un 3,5%, con una tasa de desempleo sin precedentes superior al 15%, que para los jóvenes sobrepasa el 36%. La relación entre deuda y el PIB portugués era de un 107% cuando empezó el rescate, pero a este ritmo llegará a un 118% cuando el «bailout» termine en septiembre de 2013.

Sin «boom»

Con un desfile de gráficos y datos almacenados en su ordenador portátil, el profesor Cantiga Esteves argumenta que los problemas de Portugal son diferentes al descalabro bancario de Irlanda o las mentiras de Grecia sobre su deuda. En el caso portugués, la clave es que «nuestra economía durante la última década creció a una media anual del 0,7 %, y todo el consumo público y privado se ha apalancado en un endeudamiento insostenible». A su juicio, es la hora de perseverar porque «no nos podemos seguir gastando el dinero que no tenemos, debemos cambiar y desgraciadamente en economía no hay soluciones de un día para otro».

Ante la polémica del enfermo ejemplar y la necesidad de un segundo rescate, el sociólogo Jorge de Sá insiste con la ironía característica de sus compatriotas: «Dígame usted por favor cuándo el FMI ha curado algo a una democracia». Nicola Santos, el director adjunto de «Expresso», es de los que creen que una segunda intervención es algo muy difícil de evitar: «Necesitamos más tiempo, más dinero y mejores condiciones».

«Troikados»

El médico, 5 euros

La mala salud cada vez es más cara en Portugal, empezando por los 5 euros que cuesta el médico de cabecera. Pasar por urgencias supone 20 euros, pero si se requieren múltiples pruebas, la factura puede llegar a los 50 euros.


IVA del 23%

Además de nuevos impuestos, el IVA ha sufrido una dolorosa subida que en su tramo más alto llega al 23% con impacto directo en el precio de productos básicos. Lo que explica los enfrentamientos y el colapso sufrido en una cadena de supermercados cuando ofrecieron descuentos del 50% para compras superiores a 100 euros.

Energía, por las nubes

El gas natural y la electricidad han pasado de tener un IVA del 6% al 23%. El alto precio de la gasolina hace que a los portugueses les compense más que nunca repostar en España, aunque se nota una merma del tráfico.

Sin extras

Jubilados y funcionarios que ganen más de 1.000 euros mensuales tendrán que esperar por lo menos hasta 2018 para recuperar íntegramente las suprimidas pagas extras.

Eltranvía, 2,85 euros

Aumento de tarifas y recorte de servicio. El precio de un billete sencillo en el típico tranvía amarillo de Lisboa se ha encarecido hasta 2,85 euros.

Menos festivos

Flexibilización de jornadas, menos festivos y vacaciones y facilidades para el despido, como la «inadaptación» al puesto de trabajo. Las indemnizaciones se reducen a 20 días por año trabajado con un máximo de 12 mensualidades.

Fuente: Kaos en la red




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