miércoles, 21 de diciembre de 2011

Ola de suicidios en Grecia

Las cifras facilitadas por su Gobierno registran un incremento del 40% entre enero y mayo de este año en relación al mismo período de 2010.

Prensa

En Con el agua al cuello, la última novela de Petros Márkaris, el comisario Jaritos y sus compañero añoran las pagas extraordinarias que acaban de quitarles, circulan por una Atenas colapsada por manifestaciones de trabajadores y de jubilados que protestan por el paro y las rebajas en pensiones, salarios y servicios sociales, y deben andarse con cuidado para no dañar los coches patrulla porque el Gobierno no tiene dinero para arreglarlos. En el verano de 2010, tiempo en que transcurre esta obra, Grecia está cabreada, deprimida, asustada, desnortada. La Unión Europea –Alemania para la mayoría de los griegos- obliga a un país ya hundido por la crisis económica a efectuar unos recortes presupuestarios de caballo.

La situación es aún peor en la actualidad. Grecia ya es líder europeo en materia de suicidios, según informa The Guardian . Las cifras facilitadas por su Gobierno registran un incremento del 40% entre enero y mayo de este año en relación al mismo período de 2010. Nadie duda de que la causa de este fenómeno sean las dolorosas medidas de austeridad presupuestaria. Los griegos, individual y colectivamente, se sienten más pobres, más solos, más acobardados y más desvalidos que en ningún otro momento de su reciente historia.

Grecia es un país levantino, mediterráneo, vitalista, y, antes de ser golpeado por la crisis, tenía el porcentaje de suicidios más bajo de Europa: 2´8 por cada 100.000 habitantes. Ahora ese porcentaje se ha doblado, situándose en el más alto de Europa. Y ello pese a que la cultura griega estigmatiza el hecho de quitarse la vida y la iglesia ortodoxa les niega funerales y sepultura a los que lo hacen.

En una reciente entrevista en el programa En Portada, de TVE , Petros Márkaris, ve una razón adicional para que muchos de sus compatriotas se sientan tan desamparados. “Hasta los años 1980”, dice, “Grecia era un país con una tremenda solidaridad. Si le pasaba algo a alguien, todo el vecindario iba detrás. Si Grecia salió adelante en épocas de grandes penurias, fue porque existía esa tremenda solidaridad. Pero esto ya no existe hoy en día”

En las novelas policiacas de Márkaris, se puede seguir la evolución de Grecia en los últimos tiempos mejor que en los informes de Bruselas, Frankfurt o Washington. El comisario Jaritos, su protagonista, es un veterano policía sin particular opción ideológica o política y, salvo por su debilidad por la cocina griega tradicional, y en particular los tomates rellenos que le hace su esposa, Adrianí, un hombre de vida austera. Por eso, novela tras novela, va contemplando estupefacto como tantos de sus compatriotas se convierten con entusiasmo a la subcultura de los nuevos ricos: comprando pisos o chalés de lujo, automóviles alemanes y ropa de marca, insertando palabras en inglés cada dos por tres para hacerse los modernos, pirrándose por salir en televisión, yendo a restaurantes de diseño, encadenando costosos estudios de posgrado, master, doctorados... Unos, los menos, pagan esa fiesta con las fortunas que hacen con la especulación inmobiliaria y/o financiera: otros, los más, a crédito.

Probo funcionario e investigador astuto, el comisario va desentrañando en sucesivas novelas los homicidios de un joven modelo publicitario (El accionista mayoritario), un empresario de la construcción que se está haciendo de oro con las obras de los Juegos Olímpicos (Suicidio perfecto), una periodista estrella de la televisión (Noticias de la noche) y un propietario de restaurantes y clubes nocturnos de moda (Defensa cerrada). Markáris va narrando así una nueva Grecia con notables parecidos con la España de la misma época, la anterior a 2008: una sociedad donde lo más valorado es la rápida consecución de dinero y/o fama aunque sea al precio del embuste, la corrupción y el fraude fiscal. He aquí un diálogo extraído de Defensa cerrada:

“-En cierta ocasión admitió que, como todos los hombres de negocios, estafaba a Hacienda. También me ordenó que no mencionara a nadie la cuestión de los libros ni del almacén.
-Y tú obedeciste
-Ningún contable denuncia a su jefe por evasión de impuestos, teniente. A fin de cuentas, ésta es su labor: escamotear dinero a Hacienda.”

Nacido en Estambul en 1937, hijo de padre armenio y madre griega, Márkaris vive en Atenas y tiene la nacionalidad griega. De formación alemana, fue traductor, dramaturgo y guionista antes de comenzar la serie de novelas del comisario Jaritos. Este personaje se le ocurrió cuando el canal de televisión para el que había escrito los guiones de una serie exitosa, Anatomía de un crimen, le pidió una continuación. Así lo cuenta: "Fui durante mucho tiempo un activista de izquierdas y no tenía la menor simpatía por los policías. Pero dando vida a Jaritos caí en la cuenta de que los policías son pequeños burgueses que sueñan con que sus hijos estudien para convertirse en médicos o abogados”. En sus novelas, la historia familiar del comisario es contada en paralelo a la investigación de un crimen.

Márkaris, como informó Rosa Mora, ha sido galardonado con el Premio Pepe Carvalho 2012 . Es un acto de justicia: el escritor griego siempre ha proclamado que Manuel Vázquez Montalbán fue pionero del género negro en la Europa mediterránea.

En Con el agua al cuello, la última entrega de la serie del comisario Jaritos, el festín griego ha llegado a su fin: el país está en quiebra, las protestas son cotidianas y una campaña anónima insta a los ciudadanos a boicotear los bancos. Jaritos está en la boda de su hija Katerina cuando debe ocuparse del asesinato del ex director de un banco. El jefe de la Brigada Antiterrorista, un listillo, ve en este asesinato lo que ve en cualquier delito que abra los telediarios: un atentado de naturaleza política. Insiste, pues, en encargarse del caso y apartar a Jaritos, que no tiene, dice, el “know how” que la situación requiere.

Las referencias a la crisis y los ajustes presupuestarios son constantes en esta novela. "Sólo hay un camino para Grecia: ¡marcha atrás a toda velocidad!", suelta, sarcástico, Fanis, el marido de Katerina. En otro momento, se dice: “Toda Grecia funciona a base de préstamos. Sean hipotecarios, al consumo, a las empresas o para ir de vacaciones, los préstamos son la palanca que mueve al mercado griego. Los bancos tienen como rehén a más de la mitad de la población. Ahora, con la crisis, las cosas han empeorado”.

Para llevar dignamente a su hija al altar, Jaritos ha decidido jubilar su viejo Mirafiori y comprarse un SEAT Ibiza. Y este es el motivo de la elección de esta marca: “Por solidaridad entre los pobres. Ahora los españoles y los portugueses tienen problemas, como nosotros. Para los mercados financieros somos los PIGS, los cerdos. Y cada cerdo debe ayudar a los demás, no hacerles la pelota a los tiburones”.

Pero ni la tenacidad y la sagacidad del comisario Jaritos podrían combatir la última plaga que se abate sobre la querida y desventurada Grecia: el suicidio de sus hijos.

Fuente: Kaos en la Red

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