sábado, 28 de mayo de 2011

La acampada se crece ante un intento de desalojo que deja un herido muy grave

Los Mossos d´Esquadra irrumpieron ayer en la Plaça de Catalunya para desalojar a las cientos de personas que permanecían acampadas. Una operación policial que dejó 121 heridos, uno de ellos muy grave, y terminó provocando la reacción de miles de personas que abarrotaron el centro de Barcelona para denunciar el operativo.

Alberto PRADILLA

«Saldremos de aquí por motivos políticos, no por la fuerza». Hibai Arbide resumía de este modo el estado general de opinión entre los acampados en Barcelona después del brutal intento de desalojo protagonizado ayer por los Mossos D´Esquadra. Durante cinco horas, más de 400 agentes, entre Mossos y Guardia urbana (apoyados por un helicóptero), cargaron con material antidisturbios contra las miles de personas que permanecían en la Plaça de Catalunya, provocando un total 121 heridos, cuatro de ellos de gravedad.

Pero el órdago de Felip Puig, conseller de Interior de la Generalitat (CiU), terminó por volverse en su contra. A partir de las 19.00, miles de personas abarrotaban el centro de Barcelona para denunciar la operación policial y mostrar su solidaridad con los acampados. Las tiendas, que horas antes habían sido destruidas, ya estaban nuevamente en pie. Aunque la euforia tenía un punto negro: a esa misma hora, el herido más grave de la jornada era operado en el Hospital Clinic después de que un pelotazo lanzado a menos de dos metros le perforase el pulmón y el bazo.

«Nos han obligado a quedarnos». Marta Oliu, estudiante, simbolizaba la certeza a la que había llegado una acampada que, en menos de 12 horas, pasó de debatir sobre su continuidad a reafirmarse en ella ante la agresión de los Mossos d´Esquadra. Eran las 14.00, los agentes ya se habían marchado y Oliu trabajaba en la reconstrucción del campamento. «Vamos a quedarnos. Si nos echan, volveremos», añadía Jordi Delgado, que consideraba que «los políticos no han sido muy inteligentes».

De hecho, horas antes de que los Mossos rodearan la Plaça de Catalunya, la asamblea debatía públicamente qué hacer las próximas semanas. Los concentrados temían que la Policía aprovechase la posible celebración de la final de la Champions, que tendrá lugar hoy, para cargar contra el campamento. Pero Felip Puig decidió adelantarse 24 horas.

300 jóvenes rodeados

«A las 6 de la mañana nos han despertado, avisándonos de que llegaba la Policía. A las 7 y media ya estábamos rodeados y comenzaban a retirar los toldos», explicaba Christian, un estudiante que formaba parte de los más de 300 jóvenes que permaneció en el interior de la plaza durante todo el operativo. Eran las 11.30 y un cordón de agentes rodeaba a quienes no habían sido desalojados. En los alrededores de Plaça de Catalunya, miles de personas se congregaban para solidarizarse. Fue precisamente ahí donde se registraron las principales agresiones.

Ante los intentos de mediación, una improvisada asamblea tomó una decisión unánime: si se levantaba el operativo, facilitarían el acceso de los servicios de limpieza, pero no abandonarían la plaza. «Nos están engañando. Dicen que vienen a limpiar, pero lo que buscan es desalojarnos», resumía Sergi, uno de los concentrados.

Conforme avanzaban las horas la tensión iba creciendo. Y los Mossos comenzaban a perder los papeles. Como un agente que, apoyando el pie en la cabeza de un indigente que dormía en un banco, trataba de golpear con la porra a los jóvenes que le lanzaban las hojas de los árboles cercanos. En ese momento, un grupo de agentes trató de desalojar a los 300 concentrados en el interior de la plaza. Una tarea imposible. Por eso, se conformaron con arrancar los últimos toldos que quedaban.

Sobre las 13.00, y cuando los Mossos cerraban el cerco, cientos de personas rompieron el cordón policial por varios puntos. Desbordados, los policías tuvieron que abandonar la plaza. Eso sí, en medio de un impresionante despliegue, con el helicóptero volando a baja altura y los agentes cargando contra la multitud. Con la Plaça de Catalunya nuevamente abarrotada y nada que desalojar, sonaba más a venganza.

«Nadie nos lo esperábamos, pero ahora toca reconstruir», señalaba Adriá, un joven que, a las 14.00, ya estaba montando de nuevo los toldos. Sin helicóptero ni agentes rodeando la plaza, la sensación era de euforia. Pero también, de reivindicación.

Por la tarde, miles de personas se manifestaron contra los recortes en Sanidad proyectados por el gobierno de CiU. La marcha terminó, entre aplausos, en la Plaça. Pocas horas más tarde, con Catalunya abarrotada, la consigna era clara: «Puig dimisió». Ahora, con el campamento reconstruido, la asamblea decidirá los siguientes movimientos.

Aunque todavía existe miedo por lo que pueda ocurrir hoy, se imponía la sensación de victoria y los debates sobre cuál deberá de ser el próximo paso.

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