martes, 21 de septiembre de 2010

La NASA descubre dos puentes en la Cara Oculta de la Luna tan anchos como para albergar dos carriles de tráfico

21/09/2010

Los arcos rocosos, situados en la cara oculta de nuestro satélite, son tan anchos como para albergar dos carriles de tráfico


«Justo cuando piensas que lo has visto todo, descubrimos un puente natural en la Luna. ¿Quién lo hubiera pensado?». Mark Robinson, investigador principal de la sonda espacial de la NASA Lunar Reconnaissance Orbiter (LRO), no evita demostrar su asombro. Pero es que no es uno, son dos. Si conocimos hace tan sólo unos días fotos más precisas que revelaban la profundidad de algunos agujeros lunares, estas imágenes muestran otra sorpresa: dos arcos rocosos en la cara oculta de la Luna.

NASA/GSFC/Arizona State University
Un puente natural en la Luna

Uno de los puentes tiene alrededor de veinte metros de largo y entre 7 y 9 de ancho, lo suficiente como para albergar dos carriles de tráfico, y el otro es la mitad de grande. Los puentes naturales se forman en la Tierra por la erosión del viento y del agua, pero los investigadores creen que los lunares tienen su origen en un impacto espacial y en la intrincada red de túneles subterráneos excavada por un antiguo río de lava. Estas amplias redes de galerías y grandes bóvedas podrían, según los científicos, servir de refugio a las primeras colonias de astronautas que se instalaran en la Luna, aunque la misión, de momento, no entra en los planes de la NASA.
Una piscina ardiente
Los dos puentes naturales se encuentran en una misma región de nuestro satélite, en medio de un cráter de 77 kilómetros de ancho conocido como King. Aunque Robinson, que también es geólogo en la Universidad Estatal de Arizona en Tempe (EE.UU.), y su equipo no saben con certeza cómo se originaron los puentes, es posible que el escenario fuera, más o menos, el siguiente: El impacto de un objeto espacial fundió la superficie donde fue a parar y creó la cuenca del cráter King. Una piscina ardiente se formó en el cráter. Al enfriarse, la superficie formó una costra, como si fuera un budín cocido, mientras que el interior permaneció fundido durante más tiempo. Probablemente, ese «magma» encontró alguna vía para escapar y la «corteza», sin apoyo, se derrumbó en dos zonas, dando lugar al puente natural.
La cuestión es, ¿podría un astronauta atravesar alguno de estos puentes? Por desgracia, será difícil que lo sepamos en unos años.

ABC


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