martes, 24 de agosto de 2010

Secretos de la banca suiza al descubierto

24-08-2010

La traición del banquero de UBS


ATTAC España


Nacido en Boston, el banquero de altos vuelos Bradley Birkenfeld trabajaba para la principal institución financiera de Suiza, UBS, y ha tenido acceso al tipo de información bancaria secreta con la que sueñan las fuerzas de seguridad occidentales: datos sobre cuentas de terroristas, dictadores, traficantes de armas, padrinos de la mafia y ricos evasores fiscales que han confiando durante décadas en esa fortaleza de confidencialidad que promete la banca helvética.

Cajas fuertes subterráneas a prueba de bombas y sistemas de seguridad de alta tecnología son las trampas superficiales de la banca suiza, pero la piedra angular de la protección que ofrece a sus clientes es el sistema de cuentas numeradas, cuya privacidad está totalmente garantizada. O eso es lo que pensaban.

En UBS, los nombres de los clientes y la información de sus cuentas está guardada de forma separada, en sistemas informáticos independientes y en lugares secretos. Aunque un hacker de altísimo nivel lograse entrar en los archivos electrónicos del banco, identificar a quién pertenece una cuenta es literalmente una misión imposible: los nombres de los titulares y los números de las cuentas no aparecen en ninguna parte relacionados.

La única vulnerabilidad de UBS es algo tan poco vanguardista como el viejo sistema de tarjetas que se puede encontrar en cualquier biblioteca local.

Al inicio de cada jornada, los banqueros privados se presentaban ante Birkenfeld, antaño director de la división de gestión de patrimonio de UBS, y accedían a unas cajas fuertes con código secreto para extraer sus “ficheros” (unas bandejas con tarjetas de papel de 4×5 que son el talón de Aquiles del secreto bancario suizo). En cada tarjeta confidencial figuran escritos en caracteres normales, sin ningún tipo de encriptado, el nombre del titular, su número de cuenta y el de sus cajas de depósitos, las tarifas que paga, su dirección particular y las claves secretas (frases que tan solo conocen el banquero y el cliente y que son utilizadas para verificar su identidad por teléfono, como “Rosa y Águila”).

“Si fuese malvado… simplemente habría llevado mi bolsa del gimnasio, metido las tarjetas, salido por la puerta y me habría metido en un avión”, bromea Birkenfeld.

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