lunes, 16 de agosto de 2010

Italia: crisis por todos los costados

16/08/2010

Vista de conjunto, la situación italiana es la de un volcán en ebullición. La respuesta de una clase obrera que ha manifestado su disposición de lucha es clave

Luego del cierre de su planta en Sicilia y del plebiscito extorsivo para liquidar conquistas históricas en su fábrica de Pomigliano (Nápoles), la Fiat anunció la semana pasada el traslado de parte de la producción de su planta de Mirafiori en Turín –la más importante del país– a una fábrica en Serbia, ampliamente subsidiada por el gobierno de Belgrado, en la cual los trabajadores cobrarán un 75% menos que en Italia. El anuncio fue un baldazo de agua fría para el gobierno italiano y para la propia burocracia sindical, que había aceptado la extorsión de la Fiat en el plebiscito realizado en Pomigliano (ver PO Nº 1.136) con la excusa de que se trataba de una concesión para asegurar la anunciada inversión de millones de euros por parte de una empresa decidida a “apostar al país”.

Ocurre que el traslado de varias líneas de producción a Serbia, de todas formas, representa solamente un aspecto de la avanzada de la Fiat. El presidente de la empresa, Sergio Marchionne, informó también que el nuevo régimen laboral de la fábrica de Pomigliano se realizará mediante la creación de una nueva empresa, que deberá “recontratar” a los actuales trabajadores de la planta, para esquivar de esta manera la aplicación del actual convenio colectivo de trabajo que regula las relaciones industriales en la rama automotriz. Los alcances de esa decisión fueron puestos de manifiesto por el propio Marchionne, quien dejó claro que lo de Pomigliano marca su línea estratégica y que, en consecuencia, el siguiente paso es retirar a la Fiat del convenio colectivo metalmecánico, que rige su actividad en todo el país, a partir de 2013.

Los alcances de esa medida serían brutales: implican que la Fiat debería retirarse de la Confindustria –la central empresaria italiana– y que algo similar sucedería en el terreno de las representaciones sindicales, abriendo el terreno para la creación de sindicatos “de empresa”. La presidenta de la Confindustria le pidió a Marchionne una reunión de urgencia, en la que consiguió que la ruptura con la central empresaria fuese “postergada” por dos meses, lo cual revela, en primer lugar, la situación de debilidad en la que quedaría la gran patronal italiana si la Fiat rompe unilateralmente con su asociación histórica. Algo similar sucedió con las burocracias sindicales: incluso las centrales amarillas, que promovieron el acuerdo en Pomigliano, quedaron descolocadas con el nuevo anuncio de la Fiat. La creación de nuevos sindicatos por empresa liquidaría, literalmente, incluso a la Fiom –en última instancia pone en cuestión a la propia CGIL, la confederación sindical más importante del país.

Leer más...

No hay comentarios:

Publicar un comentario