domingo, 11 de julio de 2010

¿Oculta BP la enfermedad grave de los trabajadores de limpieza?

11/07/2010

AlterNet

Traducido para Rebelión por Ricardo García Pérez


Tengo una pregunta filosófica. Si nunca se permite a ningún periodista hablar o entrevistar a ninguno de los muchos trabajadores de limpieza del vertido de petróleo sobre el tratamiento que podrían estar recibiendo o no en una clínica federal, ni mucho menos visitar una de esas clínicas, ¿existen realmente? Y con eso me refiero a trabajadores de limpieza del vertido en general, estén enfermos o no:

    El último capítulo de la batalla que libran los medios de comunicación para dar cobertura sobre el vertido de petróleo del Golfo de México es cortesía de Bridget Desimone, de PBS Newshour, que ha estado trabajando con su colega, Betty Ann Bowser, para «informar sobre el impacto que ha tenido el vertido de petróleo sobre la salud en Plaquemines Parish». Desimone informa de que, sobre el terreno, las autoridades van respondiendo mejor a las indagaciones de la prensa y van facilitando el acceso a las labores de limpieza. Pero Dessimone y Bowser han topado con una «barrera» que han hecho todo lo posible por superar: el acceso a una «unidad móvil médica del gobierno federal» en Venice, Louisiana: «el santo barracón doble se ubica en un palmo de terreno recién cubierto de gravilla conocido para algunos como “el complejo de BP”. Cercado por una valla hecha a base de eslabones de una cadena coronados de alambre de espino, el acceso está estrechamente limitad por la policía y los vigilantes de seguridad privada».

¿Han oído hablar alguna vez de unas instalaciones sanitarias estadounidenses ocultas bajo el nombre de «Stalag 17»? (Quiero decir, distintas de las de la película Sutter Island) (1) Claro, en Shutter Island esas instalaciones eran un manicomio para criminales que habían perdido el juicio. No creo que esa sea la excusa para que las autoridades federales y BP puedan utilizar las de Venice, en Louisiana, a menos que los productos químicos tóxicos a los que hayan estado expuestos los trabajadores los hayan convertido en zombis delirantes o en asesinos en serie. Entonces, ¿qué está pasando? A Bridgett y a Betty les gustaría saber por qué no pueden echar un vistazo al interior de estas instalaciones sanitarias en las que trabaja «un equipo médico de la Red Nacional de Catástrofes Sanitarias (National Disaster Medical System) del Departamento de Salud y Servicios Sociales (HHS, Health and Human Services) del gobierno federal: un médico, dos enfermeras, dos técnicos de emergencias (EMT-P, Emergency Medical Technichian-Paramedic) y un farmacéutico». Pero alguien del Gobierno estadounidense no quiere que vayan a fisgonear por allí formulando las habituales preguntas de gacetillero que los periodistas plantean cuando están de mal humor (es decir, cuando no están informando sobre políticos importantes a quienes quieren impedir el acceso):

    Durante más de dos semanas, mis colegas de NewsHour y yo nos pusimos en contacto con responsables de prensa del HHS, los Guardacostas de Estados Unidos y todo aquel que aparecía en una lista como posible portavoz de BP ante los medios de comunicación con la intención de visitar esa unidad y hacernos una idea de cuántas personas recibían tratamiento allí, quiénes eran y qué enfermedades padecían. No conseguimos nada. O bien se nos decía «acceso no autorizado», o ni quisiera se nos respondía. Era algo que a ninguno de los dos nos había pasado jamás cuando hemos hecho la cobertura informativa de alguna catástrofe. En algún momento se nos facilita el acceso a los servicios sanitarios que prestan las autoridades federales.

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