martes, 20 de julio de 2010

Más de 100.000 estadounidenses se declaran en bancarrota cada mes, 3 millones de propietarios de casas se enfrentan a la ejecución hipotecaria este año

20/07/2010

“Se te acabó el futuro, Obama "

Alexander Cockburn
CounterPunch
Traducido del inglés para Rebelión por Germán Leyens


El hombre que se apoderó de la Casa Blanca fomentando un estado de ánimo de expectativas irracionales enfrenta ahora el precio amargo cobrado por la realidad. La realidad es que no puede haber un “buen” presidente de EE.UU. Es imposible jugar con esas cartas. Obama está cerca del fin.


El primer presidente negro de la nación prometió cambio en el momento preciso en el cual ni un solo hombre, aunque estuviera dotado de los poderes comunicativos de Franklin Roosevelt, de la maestría política de Lyndon Johnson o de la descarada agilidad de Bill Clinton, podría cambiar la corriente que ha estado llevando a EE.UU. al desastre durante 30 años.


Este verano numerosos estadounidenses están atemorizados. Más de 100.000 se declaran en bancarrota cada mes. Tres millones de propietarios de casas enfrentan la ejecución hipotecaria este año. Hay que agregarlos a los 2,8 millones que la sufrieron en 2009, el primer año en el poder de Obama. Casi siete millones estuvieron sin trabajo el año pasado durante seis meses o más. Si se suma la gente que ha renunciado a la busca de trabajo, o los que tienen trabajo parcial, el total se acerca a los 20 millones.


La gente atemorizada es irracional. También lo son los racistas. Obama es objetivo de acusaciones demenciales. Un porcentaje considerable de estadounidenses cree que es socialista –una acusación tan ridícula como acusar al Arzobispo de Canterbury de ser un druida encubierto. Obama reverencia al sistema capitalista. Admira a los súper-depredadores de Wall Street que inundaron el tesoro de su campaña con millones de dólares. La horrenda catástrofe del Golfo de México provino directamente de la luz verde que él y su secretario del interior, Ken Salazar, dieron a BP.


No es culpa de Obama que durante 30 años la política de EE.UU. –bajo Reagan, los dos Bush y Bill Clinton– haya sido exportar permanentemente puestos de trabajo al Tercer Mundo. Los puestos de trabajo que los estadounidenses buscan ahora desesperadamente ya no están aquí, en su patria, y no volverán a estar. Están en China, Taiwán, Vietnam, India e Indonesia.


Ningún programa de estímulo, ni la entrega de dinero a contratistas del cemento para que arreglen baches en el sistema federal interestatal de carreteras, van a lograr que vuelvan esos puestos de trabajo. Trabajadores herramentistas altamente capacitados, los aristócratas del sector manufacturero, están asando hamburguesas –en el mejor de los casos– por 7,50 dólares por hora porque las corporaciones de EE.UU. enviaron sus puestos de trabajo a Guangzhou, con la aprobación de políticos del lobby del “libre comercio” cargados de dinero.


No es culpa de Obama que durante 30 años más y más dinero haya flotado a la punta de la pirámide social hasta que EE.UU. está volviendo a donde estaba en los años 80 del Siglo XIX, una nación de vagabundos y millonarios. No es culpa suya que cada ventaja tributaria, cada regulación, cada decisión judicial se orienten hacia las empresas y los ricos. El EE.UU. neoliberal fue conjurado con maligna vitalidad a mediados de los años setenta.

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