jueves, 8 de julio de 2010

Los seis objetivos por los que EEUU amenaza la paz en el mundo

08-07-2010

Hugo Moldiz Mercado
La época/Rebelión


Respaldados por una campaña mediática, Estados Unidos e Israel han encontrado en el programa nuclear trabajado por Irán -del que hasta ahora Washington y Tel Aviv no han podido probar que persiga fines militares-, el motivo para afinar los preparativos de un ataque a territorio iraní. Al menos hay seis objetivos reales que amenazan con hacer estallar una guerra de dimensiones mundiales.


La primera quincena de mayo, en una declaración no lo suficientemente difundida por las grandes cadenas transnacionales de la información, el presidente ruso Dimitri Medvedev advertía de que una guerra contra Irán podría convertirse en una Tercera Guerra Mundial. Casi un mes después, en una reflexión titulada “Saber la verdad a tiempo”1, el líder histórico de la revolución cubana Fidel Castro, afirmaba que el momento en el cual Estados Unidos e Israel “intenten inspeccionar el primer buque mercante de ese país (Irán), se desatará una lluvia de proyectiles en una y otra dirección. Será el momento exacto en que se iniciará la terrible guerra”.

Ambas advertencias no carecen de sentido. Estados Unidos e Israel, su personificación en el Medio Oriente, han desplazado el 18 de junio más de 12 buques de guerra por el Canal de Suez, en dirección del Mar Negro, que es la ruta más directa por el Mediterráneo hasta el Golfo Pérsico, para situarse muy cerca de las fronteras marítimas de Irán, en una clara adopción de una posición de ataque contra un Estado cuyo gobierno desafía la hegemonía imperial. Ni Barak Obama ni Benjamin Netanyahu han desmentido la información publicada en un diario con sede en Londres.

Sin embargo, el desplazamiento militar y la amenaza de uso de la fuerza no extraña. Tres hechos ocurridos en menos de dos meses conducen a fortalecer la tesis de que una guerra nuclear acecha a la humanidad: primero, el 9 de junio pasado Brasil y Turquía –dos países miembros del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas que no tienen derecho a veto- no pudieron evitar que se aprobara una cuarta ronda de sanciones contra Irán que fue articulada por Estados Unidos, Francia e Inglaterra. Segundo, el jueves 1 de julio el presidente Obama puso en marcha una ley aprobada por el Congreso que establece medidas represivas unilaterales y con alcance extraterritorial contra bancos y compañías energéticas y exportadoras de tecnología que negocien con ese país islámico. Tercero, en mayo, Estados Unidos estuvo a punto de desatar un enfrentamiento de consecuencias imprevisibles entre la dos coreas –Del Norte y del Sur-, al hundir la corbeta surcoreana Cheonan frente a sus costas, con un saldo de más de cuatro decenas de muertos y casi un número similar de heridos2.

Las acciones militares tácticas, pero con un claro sentido estratégico, se basan en que el 9 de abril último el Gobierno iraní anunció la instalación de nuevas centrifugadoras para enriquecer uranio al 10% ciento, en el marco de un programa nuclear con fines pacíficos que hasta ahora, a pesar de sus denuncias, Estados Unidos y sus aliados en la OTAN no han podido desmentir ni mucho menos comprobar que los objetivos son militares. Lo mismo ocurre con Pyongyang, al que también se tiene en la mira.

En la Declaración de Teherán3 –firmada por Brasil, Turquía e Irán- se establece que el gobierno iraní enviará 1.200 kilogramos de su uranio enriquecido al 3,5% a Ankara, a cambio de 120 kilos de uranio enriquecido al 20% para alimentar su reactor de investigaciones médicas.

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