sábado, 24 de julio de 2010

Los premios Nobel de la Paz trabajan para la guerra

24-07-2010

Sergio Rodríguez Gelfenstein
El País (Costa Rica)


En el libro “La Paz en Colombia”, el Comandante Fidel Castro refiere que, ante la situación de indefensión que vivía Costa Rica en 1979 por las continuas agresiones militares desde la Nicaragua somocista, Cuba mostró su disposición a apoyar a ese país con “armas antiaéreas no coheteriles, de por sí complejas, y, a la vez, apoyar a los revolucionarios nicaragüenses”. Dice Fidel que: “Esto último lo discutimos con las autoridades ticas que se sentían directamente amenazadas.

En un momento oportuno, por cada tonelada de armas para Costa Rica iría otra para los revolucionarios de Nicaragua” y, al finalizar esta idea, una frase contundente: “Comprendimos que había quedado atrás la época en que Costa Rica fue usada como base de los ataques piratas contra nuestra patria. Ahora, desde su territorio, los patriotas revolucionarios de Nicaragua recibirían ayuda”- concluye.

Los acontecimientos recientes parecen indicar que nuevamente Costa Rica se prepara ya no sólo para servir de base de ataques contra Cuba, sino contra toda la región. El acuerdo para que cuarenta y seis naves artilladas, doscientos helicópteros, siete mil hombres y diez aviones de combate Harriet, entren a territorio costarricense en los próximos seis meses como parte del convenio de patrullaje conjunto con el Servicio de Guardacostas de Estados Unidos firmado en 1999, apunta en ese sentido.

La Constitución Política de Costa Rica en su artículo 12 expresa que: “Se proscribe el ejército como institución permanente” y más adelante señala: “Para la vigilancia y conservación del orden público, habrá las fuerzas de policía necesarias”, para concluir el citado artículo afirmando que: “ Sólo por convenio continental o para la defensa nacional podrán organizarse fuerzas militares; unas y otras estarán siempre subordinadas al poder civil; no podrán deliberar, ni hacer manifestaciones o declaraciones en forma individual o colectiva”.

Este es el argumento esgrimido por quienes defienden la presencia intervencionista de las Fuerzas Armadas de Estados Unidos en el territorio de un país que, durante años basó su política exterior en la particularidad que le da su carencia de ejército y la de ser amante de la paz. Cuesta suponer que la presidenta Laura Chinchilla, quien comenzó sus funciones hace sólo dos meses, armó en tan poco tiempo el entramado de este “permiso”.

Fiel a su personalidad escurridiza y doble y a su incontrolable deseo de protagonismo, el ex presidente y Premio Nobel de la Paz Oscar Arias negoció el mencionado “permiso” al adquirir compromisos en el capítulo de seguridad del Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos, que le generaba a Costa Rica obligaciones de hecho. Otro Premio Nobel de la Paz, Barack Obama, ha dado la orden para la ejecución del convenio.

Tal como Eisenhower dejó minuciosamente organizado un proyecto para que fuera Kennedy quien ordenara invadir a Cuba por Playa Girón en 1961, este nuevo paladín enmascarado de la guerra, estructuró el plan para que su sucesora asumiera los riesgos políticos de la alianza bélica de un país pacífico con la primera potencia militar del planeta.

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