jueves, 29 de julio de 2010

La guerra del capital contra el trabajo

29/07/2010

La guerra del capital contra el trabajo ha producido la más grande miseria de la historia, y genera el mayor desequilibrio en el cosmos, más allá del orbe terrestre, allende las galaxias

El imperio de las corporaciones domina al mundo.

La guerra del capital contra el trabajo necesita de más guerras para producir las necesarias devastaciones nacionales ocasionando la destrucción de los estados con la clara intencionalidad de dominar a través de las corporaciones. Un grupo de estas venden las armas, otras financian los lobbys para que los gobiernos caigan bajo el dominio de los organismos multilaterales, otras diseñan el plan de recontracción de los países destruidos, otras privatizarán los servicios públicos, otras se adueñarán de los recursos naturales del territorio, otras de la mano de obra esclavizada en empresas bajo su tutela, y finalmente el resultado será más miseria, más pobreza, más esclavitud silenciada por los privados medios a sus servicios, y más muerte de seres humanos sometidos a la plutocracia universal jamás antes conocida por la historia humana.

Las consecuencias de estas maniobras siniestras ha sido la crisis actual que sobrevive la gente hoy bajo el caos ecológico, la devastación de bloques de naciones enteras por una sola de estas corporaciones imperiales, el masivo desempleo, la carga de millones de hombres bajo el yugo de la enfermedad, la guerra, el hambre, la miseria y el olvido. Todo este caos mundial con el único fin de conservar el sistema más destructivo que la satánica menta humana ha desarrollado. Nada importa a las elites que gobiernan imperialmente a través de las corporaciones al mundo de hoy. Ni el agua, ni el aire, ni la tierra, ni el fuego. Jamás antes han muertos tantos niños en tan poco tiempo. Nunca se había encontrado la humanidad tan muerta de sed y hambre que hoy.

Pero ellos, las pequeñas cantidades de grupos humanos multimillonarios, sólo piensan en las ganancias, siempre en más y mayores ganancias, como en una pesadilla, acuciados por un demonio maligno, adictos al flujo de capital en acumulación y aumento, no tienen más sensibilidad que para el interés y la deuda, todos arropados por la corrupción que mantiene al sistema sobreviviendo de los restos, de los cadáveres por naciones, pueblos, civilizaciones enteras, y el mundo aumenta en caos, diseña nuevas confrontaciones, y educa a través de las pantallas de televisión a nuevos zoombies que nunca podrán entender que están al servicio de los pocos poderosos.

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