viernes, 11 de junio de 2010

El fútbol, entre lo sagrado y lo profano

O.P:

Tanto la religión como el futbol (aparte de otras muchas cosas más) han sido creados con la misma finalidad: crear agresividad, separatismo, individualidad, entretenimiento (en el caso de el futbol) y lavado de cerebro (la religión).


Bernardo Barranco V.


Escribo como aficionado al fútbol que ha esperado pacientemente la celebración de un nuevo Mundial con un sentimiento encontrado por la excesiva y grosera comercialización de que es objeto tanto el fútbol como deporte, así como la selección nacional, que se convierte en portadora de un patrioterismo ramplón. Sin embargo, como estudioso del fenómeno religioso, no dejan de sorprenderme las analogías entre las tendencias religiosas que mayores adeptos capturan hoy día y el fútbol, que pueden resumirse en una sola expresión: la exaltación de la emoción. La dimensión lúdica del fútbol alcanza, por su simplicidad y eficacia, las audiencias más diversas en términos sociales, culturales y geográficos. Excitación de los sentidos, pérdida momentánea del discernimiento sobre la realidad y el reencantamiento del mundo son fórmulas que los movimientos religiosos pentecostales y el fútbol comparten para ser altamente eficaces y así capturar el interés de las masas. En la sociedad actual, la religión supone el agrupamiento de las personas alrededor de los sentidos y de estética para la identificación conjunta de un disfrute colectivo. El fútbol ha invadido esta esfera; la concepción tradicional de lo religioso resulta insuficiente como relato metasocial, mientras que el fútbol, a diferencia de lo religioso, es un acto temporal de construcción social de sensaciones y sentimientos.

Hace algunos años era novedoso correlacionar la religión con el fútbol como un nuevo rito pagano de la sociedad posmoderna, hoy es un lugar común. Los aficionados se vuelven fanáticos al alza mientras las religiones tradicionales, especialmente cristianas, están dramáticamente a la baja en un mundo secularizado. El fútbol es más que un deporte, un espectáculo o un negocio millonario: es un fenómeno social a escala planetaria que levanta pasiones y su influencia se deja sentir en diferentes esferas de la vida social. La máxima de Eduardo Galeano, escritor uruguayo: El fútbol es la única religión que no tiene ateos, conserva su vigencia, máxime que se trata de uno de los primeros intelectuales que salieron del clóset para aceptarse devoto del futbol hace más de 30 años. Ricos y pobres, sabios e ignorantes, hombres y mujeres, se entregan con fervor a un juego casi sagrado de reglas sencillas e imperfectas.

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http://www.rebelion.org/noticia.php?id=107599

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